Mas afirma que Jordi Pujol no tiene capacidad para el juicio

La vigencia política de Jordi Pujol vuelve a situarse en el centro del debate público, pero esta vez no por su legado, sino por las condiciones en las que debe enfrentar su proceso judicial. Artur Mas, sucesor y figura clave del nacionalismo catalán, ha alzado la voz para denunciar lo que considera un trato injusto y desproporcionado hacia el expresidente de la Generalitat, sugiriendo que la justicia está actuando bajo una voluntad de escarnio.

El estigma del apellido: ¿Justicia o señalamiento político?

Para Artur Mas, la obligatoriedad de que Pujol se traslade a Madrid para ser evaluado médicamente no es un procedimiento estándar, sino una consecuencia directa de su peso histórico. Según ha manifestado el expresidente en declaraciones recientes, si el acusado fuera cualquier otro ciudadano anónimo, el rigor procesal no incluiría este tipo de desplazamientos dadas sus circunstancias personales. Mas sostiene que el nombre de Jordi Pujol pesa más que los criterios de eficiencia jurídica en este caso particular.

La crítica de Mas se fundamenta en tres ejes principales que cuestionan la gestión del tribunal:

  • La insistencia en una comparecencia presencial a pesar de los informes médicos previos.
  • El uso de la figura del expresidente como un símbolo de escarnio público.
  • La desproporción entre la relevancia del personaje y el trato humanitario requerido por su edad.

Un diagnóstico médico frente a la citación judicial

Uno de los puntos más críticos de la argumentación de Mas reside en la salud mental y física del exmandatario. Asegura que no se trata de una opinión subjetiva basada en su relación personal, sino de una realidad avalada por especialistas. Pujol carecería de las capacidades cognitivas mínimas para articular una defensa con todas las garantías legales exigidas en un Estado de derecho.

Mas ha sido tajante al afirmar que cualquier juicio requiere, como premisa básica, que el acusado pueda entender los cargos y participar activamente en su protección legal. Al forzar la maquinaria judicial contra una persona que, según los informes médicos, no está en condiciones de defenderse, se estaría vulnerando un principio fundamental de la justicia.

Más de una década de espera y la rehabilitación de una figura

El factor temporal es otro elemento que genera indignación en el entorno de Mas. El hecho de que hayan transcurrido 12 años para llegar a esta fase del proceso es interpretado como un fallo sistémico. Durante este tiempo, sin embargo, Mas destaca que se ha producido una rehabilitación social y política de la figura de Pujol, separando su gestión institucional de las acusaciones judiciales que pesan sobre su familia.

Finalmente, Artur Mas ha querido desvincular la figura de su antecesor de cualquier interés económico personal. Al ser consultado sobre la integridad de Pujol, ha mantenido una confianza plena en su desapego por el dinero, extendiendo su deseo de una sentencia absolutoria para todo el núcleo familiar. La conclusión de Mas es clara: el proceso ha dejado de ser meramente jurídico para convertirse en un pulso simbólico que ignora la fragilidad actual del que fuera el líder de Cataluña durante décadas.