Puigdemont pide el traspaso íntegro de Rodalies al Govern

La crisis de movilidad en Cataluña ha alcanzado un punto de no retorno en el discurso político. El líder de Junts, Carles Puigdemont, ha calificado la situación actual de la red ferroviaria como un «infierno diario», situando el foco no solo en los retrasos, sino en lo que considera un colapso sistémico derivado de la gestión estatal. Para el expresidente, la solución no admite parches ni organismos compartidos: la única vía de salida es la soberanía ferroviaria completa.

El fracaso de la inversión estatal: Datos de un abandono

Uno de los argumentos centrales en la denuncia de Puigdemont radica en la brecha entre las promesas políticas y la realidad presupuestaria. Según los datos analizados por el dirigente, entre los años 2015 y 2022, los organismos responsables de las infraestructuras ferroviarias —Renfe y Adif— apenas han materializado el 35,1% de las inversiones inicialmente proyectadas para el territorio catalán.

Esta falta de ejecución presupuestaria se traduce, según el análisis de Junts, en un servicio que se ha vuelto estructuralmente deficiente, inseguro e imprevisible. La crítica apunta a que los sucesivos gobiernos centrales, sin importar su tendencia política, han mantenido una dinámica de «grandes anuncios» que terminan convirtiéndose en una ejecución mínima, dejando a los usuarios en una situación de vulnerabilidad constante.

Más allá del tren: Un país al borde del bloqueo

La problemática de Rodalies no es un hecho aislado, sino la punta del iceberg de una crisis social más profunda. Puigdemont advierte que Cataluña se encamina hacia un bloqueo institucional y social debido a múltiples factores que lastran el bienestar ciudadano:

  • Movilidad impracticable: Un sistema de transporte que no garantiza la fiabilidad necesaria para la vida laboral y personal.
  • Crisis de servicios básicos: El desgaste de la sanidad pública y un sistema educativo con carencias estructurales.
  • Barreras económicas: Un acceso a la vivienda prácticamente imposible y una presión fiscal que se considera excesiva.
  • Asfixia administrativa: Una burocracia que trata al administrado bajo un principio de culpabilidad preventiva.

La soberanía como única alternativa estratégica

Para el expresidente catalán, la creación de nuevos organismos donde Renfe mantenga el control operativo no es una solución válida. La propuesta es clara: el traspaso íntegro de todas las competencias y recursos. Este movimiento se considera esencial para reactivar el «ascensor social», que actualmente se percibe como averiado debido a la precariedad de los servicios públicos.

La conclusión de este análisis político es tajante: Cataluña no podrá salir de este «callejón sin salida» sin el fin del déficit fiscal y la obtención de una autonomía plena en la gestión de sus infraestructuras. Se apela a la valentía política para romper con el modelo actual y asumir que la gestión a distancia desde el Estado ha fracasado en su misión de garantizar una movilidad digna para la ciudadanía catalana.