Puente adjudica la revisión de vías a la empresa de Koldo

La gestión de la seguridad en la red ferroviaria española se encuentra en el centro de un intenso debate político y técnico. Tras el reciente siniestro ocurrido en Adamuz, ha salido a la luz que el Ministerio de Transportes, dirigido por Óscar Puente, delegó funciones críticas de supervisión de infraestructuras en una entidad cuya matriz está bajo el foco de las investigaciones judiciales. Esta decisión administrativa plantea interrogantes sobre los criterios de adjudicación en sectores estratégicos para la seguridad pública.

Externalización de la seguridad: Un contrato de 5,6 millones de euros

El administrador de infraestructuras ferroviarias, ADIF, ha optado por un modelo de gestión que traslada la responsabilidad de la inspección de vías a manos privadas. Mediante una Unión Temporal de Empresas (UTE) participada al 50% por Traccion Rail y Continental Rail, el Gobierno ha formalizado un acuerdo de 24 meses de duración que se extenderá hasta el año 2027. Este contrato, valorado en más de 5,6 millones de euros, otorga a estas firmas privadas la potestad de vigilar y auscultar tanto las líneas convencionales como las de Alta Velocidad.

Las funciones delegadas no son meramente administrativas, sino que incluyen tareas de alta complejidad técnica que son vitales para prevenir accidentes:

  • Ejecución de pruebas de carga en estructuras críticas como puentes y viaductos.
  • Operación de trenes de auscultación destinados a localizar fisuras o roturas en los carriles.
  • Gestión integral de maniobras y planificación operativa del material rodante de ADIF.
  • Suministro de locomotoras y personal especializado para el mantenimiento preventivo.

La sombra del caso Koldo sobre la constructora Azvi

El aspecto más controvertido de esta adjudicación es la vinculación directa entre Traccion Rail, filial del grupo constructor Azvi, y el entramado de influencias que investiga la Guardia Civil. Según los informes de la UCO, Koldo García, exasesor del anterior ministro de Transportes, mantuvo una relación profesional con esta compañía. Esta colaboración se estructuró oficialmente como una consultoría para la expansión de negocio en mercados latinoamericanos, incluyendo remuneraciones fijas y variables por objetivos internacionales.

Aunque la empresa ha confirmado que el vínculo laboral finalizó abruptamente a principios de 2024, la aparición de facturas y grabaciones en el sumario judicial añade una capa de complejidad ética a la adjudicación. La coincidencia de que la misma empresa encargada de renovar el tramo de Adamuz sea ahora la responsable de supervisar la red mediante contratos millonarios ha generado una crisis de confianza en la gestión de Óscar Puente.

Alertas ignoradas y el precedente del accidente en Córdoba

El accidente del tren Iryo en la provincia de Córdoba ha puesto en entredicho la eficacia de los sistemas de vigilancia externa. Antes del descarrilamiento, diversos maquinistas habían reportado condiciones anómalas en el trazado. Las quejas se centraban en vibraciones severas, ruidos estructurales y un traqueteo constante que obligaba a circular con precaución extrema para garantizar la integridad de los pasajeros.

A pesar de que los trenes laboratorio de ADIF recorrieron la zona tras las últimas reformas, los sensores no detectaron anomalías lo suficientemente graves como para clausurar el tramo, aunque sí registraron patrones de vibración similares a los que en su día afectaron a la línea Madrid-Barcelona. Esta falta de precisión en los diagnósticos técnicos preventivos, ahora bajo responsabilidad de filiales privadas, es uno de los puntos que la investigación técnica deberá esclarecer.

El futuro de la supervisión ferroviaria en España

La situación actual coloca al Ministerio de Transportes en una encrucijada. Por un lado, la necesidad de modernizar la infraestructura exige la colaboración de grandes constructoras; por otro, la transparencia en los procesos de licitación pública se ve comprometida cuando las empresas adjudicatarias aparecen en sumarios por presunta corrupción. La seguridad del pasajero depende, en última instancia, de que la inspección técnica de las vías sea independiente, rigurosa y libre de cualquier sospecha de favoritismo político.

En conclusión, el contrato de 5,6 millones adjudicado a la filial de Azvi representa un desafío para la arquitectura de control de ADIF. Mientras la justicia dirime el alcance de la relación con Koldo García, el sistema ferroviario debe demostrar que sus mecanismos de seguridad son capaces de detectar riesgos estructurales antes de que se conviertan en tragedias irreparables.