El pulso por el control del Estado y la supervivencia del bloque plurinacional
En el actual tablero político español, las tensiones no solo se miden en votos, sino en la resistencia de las estructuras tradicionales frente a los nuevos equilibrios de poder. Arnaldo Otegi, coordinador general de EH Bildu, ha puesto sobre la mesa una tesis inquietante: la existencia de una maniobra orquestada para forzar el retorno al bipartidismo clásico. Según el líder soberanista, el sector más conservador del establishment estatal ha identificado al actual PSOE como una amenaza directa a los cimientos del Régimen del 78 debido a su apertura hacia la plurinacionalidad y sus acuerdos con fuerzas independentistas.
Para Otegi, los ataques constantes y la presión por un adelanto electoral no responden a un deseo genuino de regeneración ética frente a posibles casos de corrupción, sino a un objetivo estratégico mucho más profundo. Se trataría de una operación política diseñada para desmantelar la actual versión del socialismo liderado por Pedro Sánchez, obligando a la formación a retroceder hacia los antiguos pactos de Estado con el Partido Popular y neutralizando así cualquier avance en materia de amnistía o reconocimiento nacional de las periferias.
La sombra de la derecha y la lección histórica de Escocia
Uno de los puntos más críticos en el análisis de EH Bildu es el riesgo que supondría una llamada prematura a las urnas. Otegi advierte que un adelanto electoral en este clima de polarización solo serviría como alfombra roja para un ejecutivo de coalición entre PP y Vox. Esta posibilidad genera un rechazo frontal en la sociedad vasca, que mayoritariamente apuesta por fórmulas progresistas y de autogobierno.
Para ilustrar el peligro de esta inestabilidad, el líder abertzale recurre a un paralelismo histórico internacional muy concreto:
- La experiencia del SNP (Partido Nacional Escocés) en el Reino Unido.
- Cómo una decisión táctica errónea en un momento de debilidad del laborismo facilitó la llegada de Margaret Thatcher.
- Las consecuencias de un mandato conservador que se prolongó durante casi dos décadas, transformando irreversiblemente el tejido social.
Bajo esta premisa, la formación vasca aboga por la prudencia y la consolidación de la actual mayoría de la investidura, entendiendo que el colapso del Gobierno actual no traería una alternativa mejor para las fuerzas soberanistas o de izquierdas, sino un retroceso democrático de gran calado.
Crisis en la Ertzaintza: Hacia un debate sobre el modelo policial
Más allá de la política madrileña, Otegi ha centrado su atención en la gestión interna de la seguridad en Euskadi. La reciente intervención de la Ertzaintza en el Aeropuerto de Loiu y otros incidentes en eventos deportivos y festivos han puesto al Departamento de Seguridad bajo un escrutinio sin precedentes. La indignación no solo es local; el hecho de que el consejero Bingen Zupiria iniciara su comparecencia en inglés evidencia que las imágenes de las cargas policiales han tenido una repercusión internacional que daña la imagen de las instituciones vascas.
La postura de EH Bildu en este sentido es clara: el problema no reside en agentes individuales, sino en un modelo policial que parece agotado o desconectado de la realidad social actual. Otegi reclama un debate sereno pero profundo para redefinir las actuaciones de la policía autonómica, exigiendo responsabilidades directas para los mandos encargados de operativos que resultan injustificables a ojos de la ciudadanía.
Conclusión: La urgencia de una estabilidad estratégica
En definitiva, el diagnóstico de EH Bildu apunta a que el Estado se encuentra en una encrucijada donde se juega la posibilidad de avanzar hacia un modelo más integrador o claudicar ante las fuerzas que desean restaurar el orden previo. La estabilidad institucional se presenta como la única herramienta capaz de frenar lo que Otegi define como un intento de «destrucción» del bloque de progreso. Sin una reforma profunda de los aparatos del Estado y una gestión policial acorde a los estándares democráticos, el riesgo de alcanzar un escenario de tensiones irreversibles seguirá marcando la agenda política de los próximos meses.
