Leopoldo López Gil alaba el apoyo de España a Venezuela

La gratitud hacia una nación que ha servido de refugio fue el eje central de un encuentro cargado de simbolismo político y emocional en el Ateneo de Madrid. Durante la presentación de su obra «La vida sigue, la lucha continúa», el exeurodiputado venezolano Leopoldo López Gil no solo repasó sus vivencias personales, sino que situó a España como el aliado indispensable para los miles de ciudadanos que han tenido que reconstruir su existencia lejos de sus hogares. En un ambiente de profunda reflexión, el autor estuvo acompañado por figuras clave como Paula Quinteros, José Manuel García-Margallo y el editor Vidal Pérez Herrero.

España como refugio y motor de la libertad venezolana

Uno de los puntos más álgidos del acto fue el reconocimiento explícito a la hospitalidad española. López Gil, visiblemente conmovido, subrayó que Madrid y España en su conjunto han sabido estar a la altura de las circunstancias históricas al acoger a casi un millón de venezolanos. Para el autor, este apoyo no es solo una cuestión de logística migratoria, sino un compromiso ético con la democracia y los derechos humanos. La ovación cerrada del público subrayó la idea de que la causa venezolana ha encontrado en la capital de España un altavoz necesario para que su situación no quede relegada al olvido en la agenda internacional.

La educación: El pilar olvidado de la reconstrucción

Más allá de la crónica política, el libro y el debate posterior se centraron en la formación de las nuevas generaciones. Paula Quinteros, consejera delegada de THE OBJECTIVE, puso el foco en el legado de López Gil a través del programa de becas Gran Mariscal de Ayacucho. Este proyecto, que en su día permitió a miles de jóvenes venezolanos acceder a las mejores universidades del mundo, fue definido por Quinteros como el ejemplo máximo de apuesta por el talento y el mérito.

López Gil reafirmó esta tesis asegurando que la educación no es simplemente un proceso académico, sino la infraestructura crítica sobre la cual se sostiene cualquier sistema de libertades. «Cuando se educa a un ciudadano, se le está entregando la herramienta más poderosa para defender las leyes», coincidieron los ponentes, destacando que el futuro de Venezuela depende más de la preparación de su juventud que de sus recursos naturales.

Alertas tempranas ante el deterioro institucional

La presentación también sirvió para lanzar advertencias globales sobre la fragilidad de los sistemas democráticos. Paula Quinteros evocó con nostalgia la Venezuela previa al chavismo, un país con problemas pero con normalidad institucional, para advertir sobre la rapidez con la que se pueden perder las garantías civiles. Su llamado a identificar las «banderas rojas» a tiempo resonó como una lección aplicable a cualquier democracia moderna que ignore los síntomas de la degradación institucional.

Por su parte, el exministro José Manuel García-Margallo aportó una visión pragmática y crítica desde su experiencia en el Parlamento Europeo. Margallo lamentó la falta de atención internacional sostenida hacia la crisis venezolana y recordó que las instituciones, una vez desmanteladas, requieren décadas de esfuerzo para ser restauradas. Su intervención, salpicada de anécdotas personales que evidenciaron su estrecha amistad con López Gil, enfatizó que la transición democrática solo será posible si se reconstruyen los cimientos del Estado de Derecho desde la base.

Una vida de compromiso cívico y político

El libro «La vida sigue, la lucha continúa» no se limita a ser una autobiografía convencional. Vidal Pérez Herrero, editor de la obra, la describió como el testimonio de un luchador incansable y de una familia que ha hecho del servicio público su razón de ser. La narrativa recorre desde las responsabilidades de gestión en Venezuela hasta los pasillos de Bruselas, siempre con el objetivo de fortalecer los vínculos entre España e Hispanoamérica.

El cierre del evento, marcado por la presencia de su familia, incluyendo a su hijo, el líder opositor Leopoldo López, reforzó la idea de que la lucha por la libertad es un relevo generacional. El autor concluyó que su obra es, en última instancia, una invitación al compromiso cívico y una declaración de esperanza sobre la posibilidad de recuperar un país que, aunque herido, sigue soñando con el retorno de la democracia plena.