La próxima visita del Papa León XIV a la ciudad de Barcelona, programada para el mes de junio, ha trascendido el ámbito estrictamente religioso para convertirse en un nuevo foco de disputa política y lingüística. El núcleo del conflicto reside en la Sagrada Familia, concretamente en el acto de bendición de la Torre de Jesucristo, donde sectores independentistas denuncian una marginación del catalán en favor del castellano.
El conflicto lingüístico en el corazón de la Sagrada Familia
La filtración de los detalles del misal para la ceremonia del 10 de junio ha encendido las alarmas en las filas de Junts y ERC. Aunque se prevé una misa bilingüe para conmemorar el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, el momento cumbre —la bendición de la torre más alta del templo— se realizaría exclusivamente en español según las previsiones actuales. Esta decisión ha sido interpretada como un agravio hacia la lengua propia de Cataluña en un evento de proyección internacional.
Desde las instituciones catalanas, la presión se ha diversificado en varios frentes estratégicos:
- Presión al Govern: Mònica Sales (Junts) ha instado por carta al president Salvador Illa a intervenir ante el Vaticano para garantizar el respeto a la diversidad lingüística.
- Exigencias al Arzobispado: Oriol Junqueras (ERC) ha contactado directamente con el cardenal Juan José Omella para recordarle que la identidad del templo es inseparable de la lengua catalana.
- Diplomacia Vaticana: La Generalitat, a través de la consellera Sílvia Paneque, afirma haber iniciado ya gestiones con la Santa Sede para subrayar la relevancia de este gesto.
Puigdemont y la crítica al «nacionalcatolicismo»
La reacción más contundente ha llegado desde el entorno de Carles Puigdemont. El líder de Junts no ha dudado en calificar la situación como un retorno a dinámicas de épocas pasadas, utilizando el término «nacionalcatolicismo» para describir la gestión de la cúpula eclesiástica liderada por Omella. Según Puigdemont, la exclusión del catalán en un acto tan simbólico representa un insulto a la memoria del pueblo catalán y al propio legado de Gaudí.
El expresidente ha criticado con dureza lo que denomina como «escarabajos púrpuras», refiriéndose a los altos cargos de la Iglesia que, a su juicio, se alinean con las estructuras de poder estatal en lugar de proteger la cultura local. Para el independentismo, que el Papa León XIV no pronuncie palabras en catalán en la Sagrada Familia supondría una oportunidad perdida para el reconocimiento de la singularidad nacional de Cataluña ante el mundo.
La figura de Gaudí como argumento político y religioso
En su misiva al cardenal Omella, Oriol Junqueras ha rescatado la dimensión más humana y comprometida de Antoni Gaudí. El líder republicano ha enfatizado que para el arquitecto modernista, la «catalanidad y la catolicidad» eran dos caras de la misma moneda. Recordó, además, episodios históricos en los que Gaudí sufrió represalias por su firmeza en el uso de la lengua catalana, incluso en contextos religiosos.
Este uso de la historia busca apelar a la sensibilidad de la Santa Sede y de la Secretaría de Estado del Vaticano. El argumento de ERC es claro: si la Iglesia desea honrar la figura del «arquitecto de Dios» en el centenario de su fallecimiento, debe hacerlo respetando la lengua en la que él pensó y diseñó su obra maestra. La demanda no es solo por una cuestión formal, sino por lo que consideran una presencia adecuada que refleje la realidad social del territorio.
Perspectivas ante la visita pontificia de junio
A medida que se acerca la fecha del 9 al 11 de junio, el Govern de la Generalitat se encuentra en una posición delicada. Mientras la portavoz Paneque asegura que el mensaje sobre la importancia del idioma ya ha sido trasladado, la oposición independentista exige resultados tangibles. La controversia pone de manifiesto que cualquier gesto del Vaticano en Barcelona será analizado bajo un microscopio político.
La resolución de este conflicto lingüístico marcará el tono de la visita. Si finalmente el Papa opta por incluir el catalán en la bendición de la Torre de Jesucristo, se verá como un triunfo de las gestiones locales. De lo contrario, la inauguración de uno de los elementos arquitectónicos más esperados de la Sagrada Familia quedará empañada por el debate sobre el trato que la Iglesia dispensa a las lenguas minorizadas en el marco de sus grandes eventos globales.
