La impronta política tras el contrato de David Sánchez en Badajoz
La declaración judicial de los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil ha marcado un punto de inflexión en la investigación sobre el cargo de alta dirección que ostenta David Sánchez Pérez-Castejón. Bajo la supervisión del teniente coronel Antonio Balas, los investigadores han sido tajantes ante la Audiencia Provincial: la creación de este puesto no fue una necesidad técnica surgida de la base administrativa, sino una decisión emanada directamente de un «alto nivel político».
Según el análisis policial, existe un vínculo indisoluble entre el diseño de este cargo y la figura de Miguel Ángel Gallardo, actual presidente de la Diputación de Badajoz. Los agentes sostienen que la estructura del puesto fue impulsada desde la cúpula, utilizando al departamento de Recursos Humanos como brazo ejecutor de una voluntad política superior que buscaba encajar la figura del hermano del presidente del Gobierno en el organigrama provincial.
El rastro digital: De la organización interna a la creación de plaza
La cronología de los hechos, reconstruida a través de un exhaustivo examen de correos electrónicos, sitúa el origen de la operativa en septiembre de 2016. Durante ese periodo, las comunicaciones internas reflejan un cambio de tendencia sospechoso en la gestión de personal del área de Cultura. Lo que inicialmente se tramitó bajo el concepto de «reestructuración de personal» —es decir, organizar los recursos humanos ya existentes—, mutó repentinamente hacia la búsqueda de personal externo de alta cualificación.
- Septiembre de 2016: Comienzan los movimientos en Recursos Humanos para analizar las «necesidades» del área.
- Cambio de nomenclatura: Los correos pasan de titularse «Reestructuración» a «Personal para el área de Cultura» en cuestión de días.
- Validación presupuestaria: A pesar de las reticencias iniciales por el gasto, la dirección de RRHH convenció a la presidencia alegando que se trataba de movimientos estratégicos.
Un ascenso meteórico bajo sospecha técnica
Uno de los hallazgos más relevantes de la UCO es la velocidad con la que el puesto fue ganando peso institucional. En un periodo asombrosamente corto durante octubre de 2016, la idea original de contratar a un coordinador para grupos corales se transformó en un contrato de alta dirección con plenos poderes sobre los dos conservatorios de la provincia. Este crecimiento «exprés» de las responsabilidades asociadas al cargo es lo que permite a los investigadores afirmar que el puesto fue diseñado a medida.
Voces críticas: El descontento en los conservatorios
La investigación también ha rescatado el sentimiento de los profesionales técnicos que vivieron el proceso desde dentro. En un intercambio de mensajes entre los directores de los conservatorios, Evaristo Valentí y Yolanda Sánchez, quedó patente la disconformidad con la nueva estructura. Valentí llegó a calificar la creación de la plaza de David Sánchez como un «despropósito», evidenciando que desde un punto de vista profesional y artístico, la figura de un coordinador de alta dirección no aportaba valor real a la gestión de los centros.
Los agentes han mantenido un tono técnico durante su comparecencia, limitándose a los hechos documentales extraídos de los servidores de la Diputación. No obstante, sus conclusiones refuerzan la tesis de que la contratación no siguió los cauces habituales de mérito y capacidad, sino que fue una operación coordinada entre varios directivos bajo directrices políticas claras.
Consecuencias de la declaración de la UCO
Con este testimonio, la instrucción judicial pone el foco directamente sobre la gestión de Miguel Ángel Gallardo y su equipo de confianza. La metodología de la Guardia Civil, basada en el estudio pormenorizado de las cuentas corporativas y la identificación de cadenas de mensajes, deja poco margen a la interpretación: el puesto de David Sánchez nació con una naturaleza política que condicionó toda la tramitación administrativa posterior.
Este análisis técnico-policial sugiere que la reestructuración del área de cultura fue el vehículo utilizado para justificar una plaza de alta dirección que, según los propios expertos de la institución en aquel momento, carecía de sentido organizativo. El caso sigue avanzando mientras se analiza si estas decisiones administrativas incurrieron en delitos de prevaricación o malversación de fondos públicos.
