La encrucijada de la izquierda alternativa en España no se resolverá en despachos cerrados, sino mediante un ejercicio de audacia democrática. Bajo esta premisa, se ha planteado que la única vía real para consolidar una candidatura de unidad con garantías de éxito reside en la convocatoria de primarias abiertas. Este mecanismo, lejos de ser un mero trámite administrativo, se erige como la herramienta capaz de transformar la desafección actual en un proyecto político que genere una verdadera ilusión ciudadana.
El tabú de la participación y el miedo al riesgo político
El debate sobre cómo articular las diversas fuerzas a la izquierda del PSOE suele evitar el tema central: quién decide las listas. Se ha calificado la metodología de la participación popular como el «elefante en la habitación» que incomoda a las estructuras orgánicas. La tesis principal es que, para frenar el avance de la derecha y la ultraderecha en los comicios de 2027, es imprescindible abandonar la política del «mal menor» y permitir que sean las bases quienes definan la correlación de fuerzas.
- La participación masiva como antídoto contra el reparto de cuotas de poder.
- La necesidad de valentía política para someterse al escrutinio de la ciudadanía.
- La superación de las jerarquías de partido en favor de un desborde democrático.
Desde esta perspectiva, el ejemplo de América Latina sirve como espejo estratégico. Al otro lado del Atlántico, las coaliciones más competitivas no son aquellas que imponen una uniformidad ideológica, sino las que logran canalizar la diversidad mediante procesos de movilización popular que validan el liderazgo y el programa electoral de forma conjunta.
Fricciones en el espacio progresista: entre Sumar y Podemos
El escenario actual muestra una fragmentación evidente. Mientras formaciones como Movimiento Sumar, IU y Más Madrid intentan reeditar alianzas, la sombra de experiencias previas fallidas, como la coalición en Andalucía, genera dudas sobre la viabilidad de pactos basados en la «humillación» o la falta de altura de miras. La propuesta de primarias abiertas busca precisamente evitar que el electorado perciba la unidad como una simple lucha por sillones.
Por otro lado, figuras como Gabriel Rufián desde ERC han mostrado apertura hacia frentes amplios, mientras que la apuesta de ciertos sectores morados pasa por un tándem electoral potente que incluya perfiles como el de Irene Montero. En este ecosistema, la legitimidad que otorgan los votos de la gente se presenta como el único arbitraje posible ante la falta de consenso entre siglas.
Crítica a la gestión institucional y la reforma judicial
La estrategia de unidad no solo mira hacia dentro, sino que lanza un duro reproche a la gestión del PSOE en el Gobierno. Se critica una supuesta falta de firmeza para acometer reformas estructurales, especialmente en lo que respecta al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). La parálisis en la renovación de los órganos judiciales y el mantenimiento de perfiles conservadores en ministerios estratégicos —como Defensa o Interior— son vistos como una muestra de debilidad que el bloque progresista no puede permitirse.
En definitiva, el mensaje es claro: la unidad de la izquierda no es un fin en sí mismo, sino un medio que solo será efectivo si se construye desde la base. Sin democracia interna y sin la voluntad de asumir el riesgo que conlleva el voto directo de los simpatizantes, cualquier intento de coalición corre el riesgo de nacer agotado. La reconstrucción de la izquierda transformadora pasa inevitablemente por devolverle la palabra a los ciudadanos.
