El camino hacia la sexta estrella ha comenzado con más dudas que certezas para la selección brasileña. En un MetLife Stadium que se vistió de gala para recibir a dos de las potencias del Grupo C, el equipo dirigido por Carlo Ancelotti no logró pasar del empate ante una Marruecos que confirmó su estatus de gigante mundial. El 1-1 final refleja un duelo de estilos donde la pizarra táctica y la inspiración individual de Vinícius Júnior salvaron los muebles para la pentacampeona.
La audacia de los Leones del Atlas sorprende en New Jersey
Desde el pitido inicial, el guion del encuentro rompió con las jerarquías tradicionales. Marruecos, lejos de amedrentarse ante el peso histórico de su rival, se adueñó de la medular con una formación densa de hasta seis centrocampistas que asfixió la salida de balón brasileña. La apuesta de Mohamed Ouahbi fue clara: presión tras pérdida y transiciones eléctricas aprovechando las carencias defensivas en los laterales del Scratch.
La recompensa para el conjunto africano llegó tras veinte minutos de dominio absoluto. Una desatención en la zaga brasileña fue aprovechada por Brahim Díaz, quien con una visión periférica privilegiada, habilitó a Ismael Saibari para que este fusilara la portería defendida por Alisson Becker. El 1-0 no solo hizo justicia a lo visto en el césped, sino que expuso la fragilidad emocional de una Canarinha que parecía no encontrar respuestas sin el liderazgo del lesionado Neymar.
Vinícius Júnior: El rescate de un líder solitario
Cuando el panorama era más sombrío para los sudamericanos, emergió la figura de Vinícius Júnior. El atacante del Real Madrid, consciente de que los focos apuntaban hacia él en este Mundial 2026, se echó el equipo a la espalda. Tras una jugada individual característica, recortando hacia el centro desde el flanco izquierdo, el extremo conectó un disparo violento que resultó imparable para Bono.
El empate brasileño tuvo un efecto balsámico. Los jugadores de Ancelotti ganaron en confianza, permitiendo destellos de calidad técnica como una chilena de Lucas Paquetá que obligó al guardameta marroquí a emplearse a fondo. No obstante, la fluidez en el juego asociativo seguía siendo la gran asignatura pendiente de un equipo que abusó de la individualidad frente al orden colectivo magrebí.
Ajedrez táctico y rotaciones en el segundo tiempo
Tras el descanso, el ritmo frenético de la primera mitad dio paso a una batalla más estratégica. Carlo Ancelotti intentó agitar el árbol con la entrada de hombres como Luiz Henrique y Matheus Cunha, buscando ensanchar el campo y generar espacios en una defensa marroquí que se mantuvo imperturbable. Los puntos clave de este tramo final fueron:
- Gestión de espacios: Marruecos cerró los carriles interiores, obligando a Brasil a centrar sin demasiado éxito.
- Protagonismo joven: La irrupción de Ayyoub Bouaddi, de apenas 18 años, dio aire fresco al centro del campo africano.
- Vigilancia sobre Raphinha: El extremo del Barça, más activo por dentro en la recta final, no logró encontrar el hueco definitivo para el gol de la victoria.
Conclusiones de un debut con sabor agridulce
El reparto de puntos deja el Grupo C en una situación de máxima igualdad. Para Brasil, el encuentro supone un toque de atención necesario; la dependencia de sus estrellas individuales podría no ser suficiente ante selecciones con bloques tácticos tan sólidos como el de Marruecos. Por su parte, los ‘Leones del Atlas’ reafirman que su gesta en Catar no fue una casualidad y que son serios candidatos a liderar la zona.
Con Escocia y Haití esperando en el horizonte, ambas selecciones deberán ajustar sus piezas para asegurar el pase a la siguiente fase. El Mundial 2026 apenas comienza, pero la intensidad mostrada en este estreno en New Jersey augura una competición donde no habrá rival pequeño ni margen para el error.
