La gestión de los servicios sociales en el Principado de Asturias se encuentra bajo el foco de la sospecha tras las recientes revelaciones sobre un inmueble en Oviedo destinado a menores tutelados. La crisis política ha estallado después de que el Partido Popular, a través de su diputada Beatriz Polledo, denunciara un posible entramado de intereses privados dentro de la Administración regional, instando al presidente Adrián Barbón a no escudarse en los tiempos de la justicia para evitar dar explicaciones inmediatas.
Giro radical en la gestión: De proyecto estrella a investigación judicial
Lo que inicialmente fue presentado como una solución idónea para la acogida de menores en el barrio de La Florida se ha transformado, en cuestión de semanas, en un expediente remitido a la Fiscalía. El cambio de postura del Ejecutivo asturiano ha sido drástico: de defender la viabilidad técnica y social del piso a descartarlo por supuestos problemas jurídicos. No obstante, para la oposición, este giro no es casual, sino una respuesta reactiva ante la filtración de que el propietario del inmueble posee vínculos directos con un alto cargo de la Consejería de Derechos Sociales.
Polledo cuestiona si detrás de la elección de esta vivienda existía un negocio inmobiliario orquestado desde dentro del propio Gobierno. La parlamentaria subraya que la transparencia no consiste solo en llevar el caso a los tribunales, sino en aclarar por qué fallaron los controles previos y quién fue el responsable de validar una operación que presentaba un evidente conflicto de intereses.
Cronología de una decisión bajo sospecha
Para entender la magnitud del escándalo, es necesario analizar el vertiginoso calendario de los hechos durante el mes de agosto, un periodo en el que el discurso oficial se desmoronó por completo:
- 13 de agosto: El Principado incluye el piso de La Florida como una de las opciones prioritarias para ampliar la red de plazas de tutela.
- 19 de agosto: El Gobierno confirma públicamente la ubicación, asegurando que el recurso acogería hasta a 15 menores y minimizando cualquier riesgo de convivencia.
- 31 de agosto: La nueva consejera, Nerea Monroy, anuncia la cancelación del proyecto alegando deficiencias técnicas, justo cuando los rumores sobre la propiedad del piso empezaban a trascender.
Esta sucesión de acontecimientos sugiere, según el PP, que el Gobierno de Adrián Barbón intentó frenar la operación únicamente cuando se vio acorralado por la posible publicación de irregularidades administrativas y parentescos sospechosos entre los titulares de la sociedad García Villamil S.L. y funcionarios del área de Infancia.
Exigencia de responsabilidades políticas directas
Desde el Grupo Popular se advierte de que no aceptarán que el Gobierno busque un chivo expiatorio en la figura de un funcionario intermedio. La crítica se dirige hacia la cúpula de la Consejería y hacia la presidencia del Principado. Polledo sostiene que la responsabilidad jurídica es competencia de la Fiscalía, pero la responsabilidad política es ineludible y debe dirimirse en la Junta General del Principado de Asturias.
En este sentido, la oposición ha registrado una serie de interpelaciones dirigidas a la actual consejera Nerea Monroy para que aclare qué informes se solicitaron antes de la aprobación inicial y por qué no se detectaron los vínculos familiares mencionados. El objetivo del PP es forzar al Ejecutivo a hacer públicos todos los documentos internos y auditorías que justificaron tanto la elección como el posterior descarte del inmueble en Oviedo.
La transparencia como cortapisa a la corrupción
El caso de La Florida pone a prueba la promesa de regeneración y ética pública del Gobierno de Barbón. La parlamentaria popular ha insistido en que el Ejecutivo no puede utilizar la vía judicial como un muro de silencio. El debate se centra ahora en si existió una negligencia en la supervisión o si, por el contrario, hubo una voluntad deliberada de favorecer a personas vinculadas a la Administración con fondos públicos destinados a la protección de colectivos vulnerables.
La resolución de esta crisis política dependerá de la capacidad del Gobierno asturiano para responder preguntas clave: ¿Quién dio el visto bueno final? ¿Se analizaron los riesgos de parentesco? En un escenario de creciente desconfianza, el Partido Popular asegura que no cesará en su presión parlamentaria hasta que se aclare si este episodio es un error administrativo aislado o un síntoma de corrupción institucionalizada en el área de bienestar social.
