El Gobierno vasco concede el tercer grado a Henri Parot

La reciente decisión del Gobierno vasco de flexibilizar el régimen penitenciario de Henri Parot ha reabierto una profunda herida en el tejido social y político de España. Al otorgarle el tercer grado, la administración autonómica sitúa en el centro del debate la gestión de los presos de la banda terrorista ETA, especialmente cuando se trata de figuras cuyo historial delictivo es de una magnitud difícil de procesar para la justicia ordinaria y la memoria colectiva.

El perfil criminal detrás de la polémica

Hablar de Henri Parot es referirse a uno de los símbolos más oscuros de la violencia terrorista en el país. Como integrante del sanguinario comando Argala, su nombre está vinculado a algunos de los episodios más traumáticos de la historia reciente. Entre su largo historial de horror, destaca especialmente el atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza en 1987, una acción que se cobró la vida de once personas, incluyendo menores de edad.

Con un total de 82 asesinatos a sus espaldas y condenas que, en términos teóricos, sumaban casi 4.800 años de cárcel, Parot representa el extremo de la actividad criminal de ETA. Sus delitos no se limitaron al asesinato, sino que abarcaron detenciones ilegales, estragos y el uso masivo de explosivos, consolidando un currículum de terror que hoy, tras décadas entre rejas, entra en una nueva fase administrativa.

La respuesta de las víctimas: Una crítica al modelo de reinserción

Desde el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE), la reacción no se ha hecho esperar, calificando la medida de «inaceptable». La principal crítica de la asociación, encabezada por Consuelo Ordóñez, se centra en la aparente ausencia de un arrepentimiento sincero y verificable por parte del preso. Según denuncian, la progresión de grado se fundamenta en escritos genéricos que no suponen una ruptura real con el pasado terrorista ni una condena específica de cada uno de sus crímenes.

  • Falta de colaboración: No existe una ayuda efectiva para esclarecer atentados pendientes.
  • Escritos tipo: Uso de fórmulas ambiguas para cumplir con los requisitos burocráticos.
  • Impacto moral: El sentimiento de desprotección y humillación para las familias de los fallecidos.

Del régimen de semilibertad al control telemático

El paso al tercer grado no es un evento aislado, sino la culminación de un proceso que comenzó con la aplicación del artículo 100.2 en el año 2025. Sin embargo, lo que preocupa a los sectores críticos es la rapidez con la que este nuevo estatus puede derivar en una libertad total de facto. Bajo el amparo del artículo 86 del Reglamento Penitenciario, el internamiento en un centro puede ser sustituido por dispositivos de control telemático.

Para COVITE y otros observadores de la política penitenciaria, esto supone vaciar de contenido el cumplimiento efectivo de las penas. Argumentan que se está utilizando la ley de forma fraudulenta para favorecer una «excarcelación progresiva» de los presos etarras, atendiendo más a compromisos políticos con la izquierda abertzale que a una verdadera política de reinserción social basada en la justicia y la reparación.

¿Justicia o estrategia política?

La concesión de beneficios penitenciarios a figuras tan señaladas como Parot pone a prueba la solidez del sistema democrático. Mientras el Ejecutivo autonómico defiende el estricto cumplimiento de la normativa legal para favorecer la convivencia, las víctimas advierten que premiar a quienes no han renegado de su proyecto totalitario es una traición al espíritu de la ley. El debate sobre si estamos ante una amnistía encubierta o un proceso legítimo de ejecución penal sigue dividiendo a la opinión pública, mientras el futuro de los presos de ETA continúa siendo uno de los temas más sensibles de la agenda nacional.