El giro judicial tras el pronunciamiento del Tribunal Supremo
El escenario jurídico en torno a la concesión de la nacionalidad española mediante la denominada Ley de Nietos ha dado un vuelco significativo. La reciente decisión del Tribunal Supremo de suspender cautelarmente ciertas inscripciones y efectos en el censo electoral de residentes en el extranjero ha servido de catalizador para una nueva ofensiva legal. Este pronunciamiento judicial pone bajo lupa la distinción entre los expedientes que cumplen estrictamente con los supuestos de exilio previstos en la norma y aquellos que se beneficiaron de una interpretación administrativa mucho más laxa.
Esta situación ha provocado que la asociación Hazte Oír amplíe su estrategia procesal contra Sofía Puente, quien fuera directora general de Seguridad Jurídica y Fe Pública. Lo que comenzó como una denuncia por un presunto delito de prevaricación, ha escalado ahora a una acusación por usurpación de atribuciones, argumentando que la instrucción dictada por Puente sobrepasó los límites legales para modificar el espíritu de la Ley de Memoria Democrática.
Usurpación de funciones: La nueva acusación contra Sofía Puente
La ampliación de la querella sostiene que la instrucción administrativa firmada por Puente no se limitó a clarificar la ley, sino que actuó como un legislador de facto. Al introducir la «presunción de exilio» para todos los españoles que abandonaron el país en periodos específicos, se alteraron sustancialmente los requisitos de acceso a la nacionalidad. Esta maniobra técnica permitió, según los querellantes, que miles de personas obtuvieran el pasaporte español sin necesidad de acreditar una persecución política o ideológica real, contraviniendo lo debatido y aprobado en sede parlamentaria.
El núcleo del conflicto reside en que, durante la tramitación de la ley, el Congreso rechazó explícitamente enmiendas que buscaban extender la nacionalidad a todos los descendientes de emigrantes sin distinción de causa. Sin embargo, la instrucción firmada por la actual secretaria general para la Innovación y Calidad del Servicio Público de Justicia habría logrado por vía administrativa lo que no se consiguió por vía legislativa, incurriendo presuntamente en una usurpación de atribuciones que ahora debe ser investigada.
Diligencias clave para esclarecer el impacto en el censo electoral
Para profundizar en el alcance de estas actuaciones, se han solicitado siete nuevas diligencias judiciales que buscan blindar las pruebas y entender la magnitud del posible fraude. Entre las medidas más destacadas se encuentran:
- Declaración como testigos de María Ester Pérez, sucesora de Puente, y Violeta Alonso, presidenta del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior.
- Análisis exhaustivo del desglose de las inscripciones censales para identificar qué nacionalidades se otorgaron bajo la presunción administrativa.
- Acceso al expediente completo de la Junta Electoral Central para evaluar el impacto en los procesos democráticos.
- Aseguramiento de los datos informáticos en registros consulares para evitar cualquier alteración o borrado de información sensible durante el proceso.
El conflicto entre la ley original y la instrucción administrativa
La controversia técnica se centra en la disposición adicional octava de la Ley de Memoria Democrática. Mientras el texto legal exigía acreditar el exilio por motivos políticos, ideológicos, de creencia o de orientación sexual, la instrucción de Sofía Puente estableció que se presumiría dicha condición para cualquier salida de España entre julio de 1936 y diciembre de 1955. Para el periodo posterior a 1956, la instrucción obligaba a una acreditación que, según la querella, seguía siendo excesivamente flexible en comparación con el mandato legal.
Este choque normativo ha generado una situación de inseguridad jurídica sin precedentes. La acusación argumenta que se han producido nacionalizaciones masivas en fraude de ley, lo que afecta directamente a la integridad del censo de españoles residentes en el extranjero (CERA). La intervención del Tribunal Supremo reforzará ahora la necesidad de deslindar responsabilidades administrativas y penales sobre quién autorizó la expansión de estos derechos sin el respaldo de una ley de rango superior.
En conclusión, el caso contra Sofía Puente trasciende la gestión burocrática para convertirse en un debate sobre el respeto a la jerarquía normativa y la separación de poderes. El resultado de las diligencias solicitadas determinará si la Administración utilizó atajos interpretativos para implementar políticas de nacionalidad que no tenían cabida en el ordenamiento jurídico vigente, poniendo en entredicho la transparencia de uno de los procesos de ciudadanía más ambiciosos de la historia reciente de España.
