Víctimas de ETA denuncian el abandono del Gobierno en Pamplona

El silencio en las calles de la capital navarra se ha roto este domingo con un grito unánime de justicia. Lo que debía ser un acto de recuerdo solemne se ha transformado en una denuncia frontal contra el abandono institucional que perciben quienes más sufrieron el terrorismo. En el marco del Día de la Memoria, diversas asociaciones han expresado su profunda decepción por lo que consideran una deriva política que prioriza los pactos parlamentarios sobre la dignidad de los damnificados por la banda criminal.

El impacto de la semilibertad: el caso ‘Txeroki’ como detonante

La reciente concesión del régimen de semilibertad a Garikoitz Aspiazu, alias ‘Txeroki’, ha actuado como un catalizador de la indignación colectiva. Para las familias, ver cómo uno de los perfiles más sanguinarios de la historia de ETA accede a beneficios penitenciarios en el País Vasco representa una «humillación» difícil de digerir. Esta decisión se interpreta no como un proceso administrativo aislado, sino como una consecuencia directa de la transferencia de competencias penitenciarias y los acuerdos entre el Ejecutivo central y las fuerzas soberanistas.

Desde la Asociación Navarra de Víctimas del Terrorismo (Anvite), portavoces como Paz Prieto han señalado que estos pasos hacia el tercer grado son percibidos como mecanismos fraudulentos que buscan blindar el apoyo político de Bildu y el PNV. La sensación de soledad se agrava al observar cómo las instituciones que deberían velar por el relato de la verdad parecen, a ojos de las víctimas, más inclinadas a una normalización política de los herederos de la banda que a la preservación de la memoria histórica real.

Un mapa de resistencia: actos en toda la geografía navarra

Pamplona no ha sido el único escenario de esta reivindicación. Localidades como Tudela, Sangüesa, Estella y Leiza también han acogido concentraciones donde se ha recordado la magnitud de la tragedia: 854 personas asesinadas y miles de ciudadanos extorsionados o forzados al exilio. El mensaje ha sido transversal, subrayando que, aunque ETA dejó de matar hace 16 años, el proyecto totalitario que impulsó sigue intentando filtrarse en las instituciones y en la conciencia de las nuevas generaciones.

  • Defensa de la verdad judicial frente a los intentos de reescritura histórica.
  • Exigencia de que ETA no sea eliminada de las listas europeas de terrorismo.
  • Denuncia de la ausencia de figuras políticas del socialismo navarro en los actos de homenaje.

La crítica a los pactos de Estado y el equilibrio de poder

En la esfera política, las reacciones han sido tajantes. Figuras de la oposición han advertido sobre el desplazamiento de las víctimas del centro del debate público. Se critica que el peso político de formaciones vinculadas al pasado de ETA sea superior, en la práctica, al de los partidos que defienden la Constitución. Esta situación ha generado un clima donde la «segunda victimización» —aquella que proviene de la indiferencia del Estado— se siente con más fuerza que nunca.

La ausencia de representantes del Gobierno foral y del Partido Socialista en los puntos de encuentro ha sido especialmente comentada. Los asistentes han interpretado este vacío no solo como una falta de apoyo presencial, sino como una ausencia de ánimo y compromiso real con la causa de quienes pagaron el precio más alto por la libertad de todos. La preocupación radica en que este alejamiento facilite un relato edulcorado de lo que supuso el terrorismo en España.

Conclusión: el compromiso inquebrantable con la dignidad

A pesar del sentimiento de derrota institucional que algunos sectores intentan imponer, las víctimas han dejado claro que no darán un paso atrás. El acto frente al monumento de la Plaza de la Constitución concluyó con una reafirmación de sus principios fundacionales: Memoria, Dignidad y Justicia. Mientras los himnos de Navarra y España cerraban la jornada, el mensaje final fue de resistencia: podrán sentirse humillados por las decisiones gubernamentales, pero su voz seguirá siendo el recordatorio incómodo de una deuda que la sociedad española aún no ha terminado de saldar con su propia historia.