Hacia un nuevo ecosistema de izquierdas: la estrategia de horizontalidad de Sumar
El tablero político de la izquierda alternativa en España se prepara para una reconfiguración profunda. Más allá de las siglas tradicionales, el movimiento impulsado por el entorno de Yolanda Díaz busca ahora una estructura basada en la cooperación territorial y la horizontalidad. Según han manifestado portavoces de la formación, el objetivo es edificar un frente amplio donde las dinámicas de mando vertical dejen paso a una relación más equitativa entre las fuerzas que operan en diferentes regiones del país.
Esta nueva etapa no solo pretende aglutinar a partidos como los Comuns, Más Madrid o Izquierda Unida, sino que lanza puentes hacia figuras y formaciones que, hasta ahora, orbitaban en espacios soberanistas o nacionalistas. La intención es clara: generar una imagen de solidez que frene la desafección del electorado progresista, especialmente entre los sectores más jóvenes que se sienten alejados de las disputas partidistas tradicionales.
La invitación a Gabriel Rufián y la encrucijada de ERC
Uno de los movimientos más significativos en esta hoja de ruta ha sido el ofrecimiento directo a Gabriel Rufián. Aina Vidal, portavoz de Sumar y los Comuns, ha manifestado públicamente que el portavoz de ERC en el Congreso tiene las puertas abiertas para integrarse en esta nueva confluencia. Bajo la premisa de que comparten un «análisis idéntico» sobre la necesidad de aunar fuerzas, la formación busca integrar el carisma y la visión del diputado catalán en su proyecto de unidad progresista.
Sin embargo, esta invitación choca frontalmente con la postura oficial de su propio partido. Aunque Rufián ha mostrado interés en explorar vías de colaboración que superen los marcos autonómicos, la dirección de ERC ha desautorizado por el momento cualquier movimiento que implique una dilución de sus siglas en una plataforma estatal. Este escenario plantea un reto estratégico para ambas partes:
- La necesidad de establecer canales de cooperación normalizada entre fuerzas que compiten por el mismo voto en Cataluña.
- El respeto a los procesos de toma de decisiones internos de cada organización.
- La búsqueda de un equilibrio que permita la unidad de acción sin perder la identidad territorial.
Calendario de febrero: dos actos para un diagnóstico compartido
El mes de febrero se perfila como el epicentro de esta reestructuración. El próximo día 18, el entorno de Rufián celebrará un acto para desgranar su visión política, una cita a la que Sumar ha confirmado su asistencia con el ánimo de «escuchar y entender» los términos de su propuesta. Solo tres días después, el 21 de febrero, tendrá lugar la presentación oficial de la nueva coalición que agrupa a las principales fuerzas de la izquierda transformadora.
Este cruce de agendas evidencia que existe una voluntad de diálogo, aunque todavía queden incógnitas por despejar. Candela López, también vinculada a la portavocía de los comunes, ha insistido en que el proyecto no da por perdido a ningún actor, incluyendo a otras fuerzas como Podemos o la Chunta Aragonesista. La meta es ambiciosa: evitar la fragmentación y dejar de hacerse la competencia en territorios donde la división solo beneficia a las opciones de derecha.
Autocrítica y construcción «a fuego lento»
Desde la dirección del proyecto se admite que el éxito de esta nueva izquierda alternativa depende de su capacidad para realizar una autocrítica profunda. El exceso de «ruido» interno y los errores de comunicación han pasado factura, provocando un distanciamiento con el electorado. Por ello, la consigna actual es trabajar «a fuego lento», priorizando el contenido y la confianza mutua antes que la designación de liderazgos o nombres comerciales.
En lugar de una carrera por encabezar listas, la estrategia actual se centra en dibujar una propuesta sólida que responda a las demandas reales de la ciudadanía. La idea es que, una vez consolidado el programa y la estructura horizontal, la figura que represente el proyecto surja de forma natural. Sumar apuesta así por un modelo donde el arraigo territorial y la solvencia política prevalezcan sobre el personalismo, intentando corregir los fallos detectados en ciclos electorales anteriores.
