El ex-DAO maniobró para enviar a la víctima al extranjero

Diplomacia y silencio: La estrategia para exportar el conflicto

La investigación judicial contra el anterior Director Adjunto Operativo (DAO) de la Policía Nacional ha revelado una trama que trasciende la presunta agresión sexual. Según las pesquisas y testimonios recabados, se habrían activado mecanismos institucionales para alejar a la víctima del territorio nacional, ofreciéndole destinos de alto prestigio en el extranjero. Esta maniobra buscaba, presuntamente, garantizar el mutismo de la agente mediante una suerte de exilio profesional remunerado con salarios que alcanzan cifras de entre 10.000 y 15.000 euros mensuales.

Para ejecutar este plan, se habría recurrido a la estructura de la División de Cooperación Internacional. La dirección de este departamento, bajo instrucciones directas del entonces mando operativo, gestionó con celeridad vacantes en organismos de relevancia como la Escuela Europea de Policía (CEPOL) o puestos de asesoría en delegaciones diplomáticas. El objetivo era claro: neutralizar el riesgo de una denuncia pública mediante una mejora sustancial en las condiciones laborales y económicas de la inspectora afectada.

El papel de los intermediarios en la red de influencias

La red para intentar frenar el proceso judicial no se limitó a la oferta de plazas internacionales. El entorno más cercano al ex-DAO, personificado en su asesor de confianza —conocido internamente como «mini DAO»—, habría actuado como canal de comunicación para transmitir estas prebendas profesionales. Los registros telefónicos y audios aportados a la causa sugieren una insistencia inusual, con múltiples llamadas y mensajes en fechas críticas de julio de 2025.

  • Propuestas de libre designación en embajadas estratégicas.
  • Ofertas de cargos técnicos en organismos policiales de la Unión Europea.
  • Intentos de mediación personal para evitar la vía administrativa y judicial.

La negativa de la víctima a aceptar estos beneficios subraya la gravedad de los hechos denunciados. A diferencia de otros casos precedentes que se investigan —donde supuestamente sí se habrían consolidado traslados a ciudades como Budapest tras relaciones previas con el alto mando—, en esta ocasión la inspectora optó por mantener el proceso legal, lo que ha provocado un terremoto institucional en el Ministerio del Interior.

Condecoraciones bajo la lupa: La polémica medalla de plata

Uno de los puntos más controvertidos de este escándalo es la concesión de la Medalla al Mérito Policial con distintivo de plata al principal colaborador del exdirector operativo. Esta distinción no es solo honorífica, sino que conlleva un incremento vitalicio del 15% en el salario del funcionario. La singularidad de este premio radica en que, tradicionalmente, se reserva para mandos al final de su carrera o por actos de servicio extraordinarios, no para asesores en activo sin méritos operativos evidentes en el periodo premiado.

La firma del Ministro del Interior en este tipo de reconocimientos es preceptiva, pero la propuesta emana directamente de la cúpula policial. La coincidencia temporal entre la gestión de los «silencios» y la entrega de esta condecoración ha levantado sospechas sobre si se trató de una recompensa por la lealtad mostrada en la gestión de la crisis personal del DAO.

Implicaciones legales de un presunto abuso de poder sistémico

El Juzgado de la Mujer número 8 de Madrid no solo se enfrenta a un caso de coacciones y agresión sexual, sino también a un posible delito de malversación de caudales públicos. El uso de recursos del Estado —como la gestión discrecional de plazas internacionales y la asignación de sobresueldos mediante medallas— para fines particulares y espurios constituye el núcleo de la acusación técnica.

La reciente destitución del mando operativo por parte del Gobierno marca un punto de inflexión, pero la instrucción judicial busca ahora determinar si esta forma de proceder era un comportamiento aislado o un modus operandi asentado en la cúpula para resolver conflictos personales. La declaración de los testigos, incluyendo a los responsables de las divisiones internacionales, será fundamental para entender hasta qué punto el aparato del Estado fue instrumentalizado para intentar comprar la impunidad de un alto cargo.