Orden militar en TVE el 23-F: El segundo tiro a dar

La narrativa oficial sobre el intento de golpe de Estado del 23-F suele centrarse en el Congreso de los Diputados, pero la tensión vivida en las instalaciones de TVE en Prado del Rey alcanzó niveles de peligrosidad extrema. Recientes testimonios y grabaciones de audio revelan que los efectivos militares que ocuparon la televisión pública no solo tenían la misión de controlar el mensaje, sino que portaban instrucciones directas de fuego real ante cualquier atisbo de resistencia o complicación en el despliegue.

Órdenes de ejecución: El protocolo de disparo en Prado del Rey

Lo más inquietante de las filtraciones sobre aquella jornada es la disposición táctica de los soldados. Según conversaciones mantenidas entre oficiales del Regimiento Villaviciosa apenas veinticuatro horas después de la asonada, los efectivos operaban bajo una premisa de letalidad inmediata. Las instrucciones eran claras y no dejaban margen al error: los fusiles debían estar listos para el combate, con los cargadores insertados y, lo que es más grave, sin el seguro de armas accionado.

El testimonio de uno de los oficiales implicados, identificado en grabaciones confidenciales, describe una consigna de escalada de violencia inmediata. Tras un primer disparo intimidatorio al aire, la segunda bala debía ser proyectada directamente contra el objetivo. Esta política de «segundo tiro a dar» subraya que la toma de Radio Televisión Española no fue un acto meramente simbólico, sino una operación militar de alta hostilidad donde la vida de los trabajadores civiles estuvo en constante riesgo bajo la presión de las armas.

El Regimiento Villaviciosa y la atmósfera de incertidumbre

El asalto, ejecutado bajo la dirección del general Valencia Remón, transformó la sede de la comunicación pública en un cuartel sitiado. Alrededor de las 19:00 horas, el país fue testigo de un cambio brusco en la normalidad democrática: la programación habitual fue sustituida por marchas militares, un recurso clásico de los golpes de Estado para señalizar el control del orden público. Sin embargo, tras las cámaras, los soldados vivían una realidad de agotamiento y desconcierto.

  • Movilización total: No se trató de una unidad aislada; el regimiento completo fue activado bajo engaño de maniobras.
  • Estado de alerta: Los soldados pasaron la noche en vela, preparados para una salida inminente hacia otros puntos estratégicos.
  • Aislamiento informativo: Se prohibió terminantemente que la tropa estableciera contacto con el personal civil o transmitiera detalles de la operación.

Análisis de la grabación: ¿Un ensayo o un fracaso fortuito?

El análisis de los diálogos entre los militares involucrados sugiere que, incluso después del fracaso del golpe, existía una percepción de que lo ocurrido podría ser solo una «toma de contacto». Las menciones a las llamadas del Rey Juan Carlos I al cuartel y la paralización de nuevas salidas de tropas a las tres de la madrugada evidencian la fragilidad del mando militar en esas horas críticas. Mientras algunos oficiales consideraban que la operación había «salido rana», otros mantenían una postura desafiante, sugiriendo que el ánimo militar seguía latente para futuros movimientos.

El miedo no fue patrimonio exclusivo de los ciudadanos; los propios ejecutores de la ocupación en Prado del Rey confesaron haber vivido momentos de pánico. La posibilidad de un enfrentamiento armado entre diferentes facciones del ejército o una respuesta civil organizada mantenía a los oficiales en un estado de crispación que se tradujo en esas órdenes extremas de disparo. La advertencia final de «no hables mucho» en los audios refleja el clima de espionaje y sospecha que persistió en las fuerzas armadas tras el repliegue de las unidades.

Conclusión: La herida abierta del 23-F en los medios

La ocupación de TVE el 23 de febrero de 1981 es un recordatorio de que la transición democrática española estuvo a un paso de la tragedia sangrienta. Los audios del Regimiento Villaviciosa despojan al evento de cualquier aura de «golpe blando» o malentendido administrativo. Existió una voluntad real de utilizar la fuerza letal para consolidar el poder. Entender que se dio la orden de disparar a dar es fundamental para valorar la integridad de quienes, desde el anonimato de los estudios de televisión, enfrentaron una noche donde el silencio se impuso a punta de fusil.