Anticorrupción investiga a la jefa de Conflictos de Intereses

Por primera vez en dos décadas de trayectoria ininterrumpida, la cúpula de la Oficina de Conflictos de Intereses (OCI) se enfrenta a un escenario de responsabilidad penal. La Fiscalía Anticorrupción ha decidido dar un paso al frente al abrir diligencias contra Flor María López Laguna, la máxima responsable de velar por la ética en la Administración General del Estado. El foco de la investigación se centra en un presunto delito de prevaricación administrativa, derivado de su decisión de cerrar un expediente que involucraba a un alto cargo de la sanidad militar.

Un archivo bajo sospecha y la intervención de Anticorrupción

El origen de este terremoto institucional se encuentra en una denuncia interpuesta por Enrique Ortiz, un coronel médico retirado, quien señaló presuntas irregularidades cometidas por el general Santiago Coca. Según la documentación que maneja el Ministerio Público, la directora de la OCI habría firmado el carpetazo a una investigación sobre incompatibilidades del general Coca basándose en una normativa que, en el momento de la resolución, ya había sido derogada. Este error técnico, que el fiscal jefe Alejandro Luzón considera digno de análisis, sugiere que se utilizó la ley 5/2006 en lugar de la vigente ley 3/2015 para justificar la inacción del organismo.

La gravedad del asunto radica en que el denunciante no solo apuntaba a una falta administrativa, sino que describía una estructura de posibles comisiones ilegales y control de mesas de contratación. Aunque Anticorrupción admite que no hay pruebas sólidas aún sobre el blanqueo o las comisiones, sí considera que la actuación de López Laguna al omitir su deber de persecución de infracciones administrativas presenta indicios de criminalidad.

Las sociedades privadas y la ley de incompatibilidades

El fondo de la polémica que López Laguna decidió ignorar afecta a la participación de Santiago Coca en empresas privadas como Histodiag SL e Instituto de Estudios Citogenéticos SL mientras ejercía cargos de máxima responsabilidad en el hospital Gómez Ulla y en la Inspección General de Sanidad. La legislación vigente es tajante: los funcionarios en activo tienen prohibido poseer más del 10% del capital de sociedades privadas que guarden relación con su actividad pública.

  • El general Coca controlaba supuestamente el 96% de las acciones de una de estas entidades.
  • Su propio hijo figuraba como apoderado único de la sociedad vinculada.
  • La actividad de estas empresas coincidía con los servicios prestados bajo la órbita de la sanidad militar.

A pesar de que los precedentes en el mismo departamento habían acabado en inhabilitaciones severas para otros inspectores generales, la OCI determinó en 2020 que no procedía abrir un expediente sancionador. Esta disparidad de criterios es la que ahora ha llevado al Ministerio Público a solicitar el expediente completo tramitado por el organismo dirigido por López Laguna.

Un organismo en el centro del debate político y europeo

La investigación contra López Laguna llega en un momento de máxima vulnerabilidad para la Oficina de Conflictos de Intereses. Desde Bruselas, la Comisión Europea ha emitido reiteradas advertencias sobre la falta de independencia orgánica de este ente, que depende directamente del Ministerio de la Función Pública. El informe sobre el Estado de Derecho ha subrayado que la integración de la OCI en la estructura presupuestaria del Ejecutivo merma su credibilidad como árbitro imparcial.

En el ámbito nacional, la gestión de López Laguna ha sido duramente cuestionada por la rapidez con la que ha resuelto denuncias sensibles. Un ejemplo paradigmático es el archivo, en apenas cuatro días, de la denuncia relativa a los posibles conflictos de interés del presidente del Gobierno en el rescate de Air Europa. En aquel caso, la OCI se limitó a validar la versión de Moncloa sin realizar indagaciones externas, lo que provocó que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid obligara a reabrir las actuaciones, aunque el organismo se ratificó posteriormente en su postura inicial.

Consecuencias para la transparencia institucional

La apertura de estas diligencias marca un hito negativo para el Gobierno, ya que es la primera vez que un alto cargo con funciones de control ético es investigado por la justicia penal. Mientras el general Coca niega cualquier irregularidad y se muestra dispuesto a colaborar, la sombra de la prevaricación sobre López Laguna pone en duda la eficacia de los mecanismos internos de control de la Administración.

El desenlace de esta investigación determinará si la OCI necesita una reforma estructural profunda para desligarse del poder político. La petición de independencia total por parte de la oposición y las exigencias de la Unión Europea parecen ahora más justificadas que nunca, en un contexto donde el guardián de la integridad pública es quien debe responder ante los tribunales por presuntamente torcer el derecho en beneficio de terceros.