Tras años de distanciamiento y un complejo equilibrio geopolítico en el Magreb, la diplomacia española se prepara para un movimiento decisivo. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, tiene marcada en su agenda la última semana de marzo para realizar su primer desplazamiento oficial a Argelia. Este viaje no es un trámite más; representa la culminación de un lento proceso de deshielo y tiene como objetivo principal sentar las bases de una futura cumbre entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su homólogo argelino, Abdelmayid Tebune.
El pulso migratorio y el desafío de los visados
Uno de los puntos más críticos en la agenda de Albares es la gestión de los flujos migratorios, una herramienta que Argel ha utilizado como termómetro de su malestar político. Durante el último verano, se observó un fenómeno inusual: la presión en las costas de Baleares superó con creces la de las Islas Canarias. Mientras que al archipiélago canario llegaron unas 1.900 personas, las costas baleares recibieron a 3.900 inmigrantes en más de 200 embarcaciones procedentes de Argelia.
Esta situación se vincula directamente con la «laxitud» en la vigilancia de las mafias por parte de las autoridades argelinas, quienes reclaman una mayor agilidad en la expedición de visados por parte de los consulados españoles. El endurecimiento de las condiciones y la obligatoriedad del trámite telemático han generado un cuello de botella que incluso el Defensor del Pueblo ha señalado como un problema urgente. Además, la próxima regularización extraordinaria de inmigrantes en España ha disparado la demanda de documentos en sedes consulares, provocando incidentes de orden público en ciudades como Argel y Orán.
La factura de 3.200 millones: el coste del bloqueo comercial
La normalización política busca también suturar una herida económica profunda. Durante los 28 meses que duró la crisis diplomática, el tejido empresarial español sufrió pérdidas estimadas en 3.200 millones de euros. El desplome de las exportaciones fue drástico: de rozar los 1.900 millones de euros en 2021, se pasó a apenas 330 millones en 2023, la cifra más baja registrada en la serie histórica.
- Impacto industrial: Centenares de empresas perdieron su cuota de mercado tras el veto argelino.
- Dependencia energética: España sigue siendo el principal importador de gas argelino, un vínculo que obliga a mantener la estabilidad.
- Lenta recuperación: A pesar del fin del bloqueo en 2024, el ritmo comercial aún no alcanza los niveles previos al giro diplomático sobre el Sáhara.
Equilibrios en el Magreb: entre Rabat y Argel
La visita de Albares se produce en un contexto de máxima sensibilidad internacional. España intenta navegar entre sus compromisos con Marruecos y la necesidad de recuperar a Argelia como socio estratégico. El contencioso del Sáhara Occidental sigue siendo el epicentro de la fricción, especialmente tras los recientes movimientos en el Consejo de Seguridad de la ONU y las negociaciones discretas auspiciadas en suelo español por intermediación internacional.
Desde la llegada de Ramiro Fernández Bachiller como nuevo embajador en diciembre de 2025, Madrid ha intentado profesionalizar la relación para evitar nuevos incidentes, como el ocurrido en febrero de 2024, cuando Albares tuvo que cancelar un viaje similar en el último minuto al no tener garantizada una audiencia con el presidente Tebune. Esta vez, el escenario parece más despejado para un encuentro de alto nivel.
Hacia una cumbre histórica: las incógnitas pendientes
La gran pregunta que sobrevuela la visita ministerial es la sede del encuentro entre Sánchez y Tebune. Mientras que el presidente español ya visitó Argel en 2020 —un viaje recordado por la polémica inclusión de empresarios vinculados a tramas de contratación pública—, el mandatario argelino no ha pisado suelo español desde que asumió el cargo en 2019. Un encuentro en Madrid supondría un espaldarazo definitivo a la reconciliación.
Por último, queda por resolver la tensión en los canales consulares, donde el «veto recíproco» ha dificultado la labor de diplomáticos y el tránsito de ciudadanos. La resolución de estas trabas administrativas será el termómetro real que medirá si este viaje de José Manuel Albares es el inicio de una era de cooperación genuina o simplemente un parche en una relación marcada por la desconfianza mutua.
