Defensa reconoce la profesión de riesgo para militares

El escenario laboral de las Fuerzas Armadas españolas se enfrenta a una transformación legislativa de gran calado, aunque no exenta de una profunda controversia interna. La decisión del Ministerio de Defensa de iniciar los trámites para catalogar la carrera militar como profesión de riesgo marca un hito histórico, pero ha generado una brecha administrativa inmediata. Al vincular este reconocimiento exclusivamente al régimen general de la Seguridad Social, el Gobierno deja fuera de la ecuación a los efectivos más veteranos, creando una distinción basada en la fecha de ingreso al servicio.

Una brecha generacional en el reconocimiento del riesgo militar

La propuesta impulsada por Margarita Robles establece que solo los militares integrados en el sistema de Seguridad Social —aquellos que accedieron a las plazas a partir de enero de 2011— podrán beneficiarse de los coeficientes reductores para la jubilación. Esta segmentación ha sido recibida con escepticismo por las principales asociaciones profesionales (AUME, UMT y Asfaspro), quienes denuncian una falta de equidad evidente. La lógica del riesgo, argumentan, no entiende de fechas administrativas: el peligro en misiones internacionales como las de Líbano, Irak o Turquía es idéntico para un soldado novel que para un suboficial con décadas de servicio en el régimen de Clases Pasivas.

La exclusión de miles de efectivos veteranos del acceso a la jubilación anticipada sin penalización económica supone, a ojos de los representantes militares, un agravio comparativo respecto a otros cuerpos de seguridad. Mientras que diversas policías locales y autonómicas ya disfrutan de esta condición, los militares y la Guardia Civil continúan en una lucha burocrática por equiparar su estatus al riesgo real que desempeñan en sus funciones diarias.

Propuestas para unificar los regímenes de retiro

Ante este panorama, las asociaciones han puesto sobre la mesa un paquete de medidas urgentes para corregir lo que consideran una «mejora a medias». Entre las demandas más destacadas se encuentran:

  • Movilidad de regímenes: Modificar la Ley de Seguridad Social para permitir que el personal de Clases Pasivas pueda transitar voluntariamente al régimen general.
  • Pase voluntario a la reserva: Facilitar el retiro a los 58 años tanto para suboficiales como para oficiales, garantizando un relevo generacional saludable.
  • Actualización de haberes: Un incremento en los haberes reguladores para asegurar pensiones dignas tras el reconocimiento de la peligrosidad.
  • Legitimación asociativa: Permitir que las asociaciones profesionales intervengan directamente en la determinación de los coeficientes reductores de la edad de retiro.

El impacto en el ‘drama de los 45 años’ y la retención de talento

Uno de los puntos más sensibles de esta reforma es su capacidad para mitigar el temor a la desvinculación forzosa al cumplir los 45 años. Actualmente, muchos soldados de tropa y marinería abandonan las Fuerzas Armadas a esa edad, pasando a ser Reservistas de Especial Disponibilidad (RED) con una asignación económica mínima que apenas alcanza los 600 euros. El reconocimiento como profesión de riesgo podría «revolucionar» este modelo, permitiendo salidas más dignas y una planificación de carrera a largo plazo.

Asimismo, el Ministerio ha anunciado ajustes en el Componente Singular del Complemento Específico (CSCE) para más de 100.000 puestos, un movimiento que busca aliviar la presión salarial en los empleos de tropa y cuadros de mando iniciales. No obstante, en un contexto geopolítico incierto como el actual, los expertos advierten que solo una reforma integral y sin exclusiones garantice el éxito del reclutamiento y la operatividad de las unidades a largo plazo.

Hacia una normativa definitiva en el Consejo de Ministros

El balón se encuentra ahora en el tejado del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, encargado de finalizar el trámite técnico. Una vez redactado el Real Decreto definitivo, este deberá ser elevado al Consejo de Ministros para su aprobación final. La gran incógnita sigue siendo si el Gobierno cederá ante la presión de los colectivos militares para incluir mecanismos compensatorios que abarquen a toda la escala jerárquica, independientemente de su antigüedad. El reconocimiento del riesgo no debe ser un privilegio de las nuevas promociones, sino un derecho inherente al uniforme.