Ruscalleda y Plensa, «traidores» para el jefe de Puigdemont

La esfera política catalana vuelve a verse sacudida por la controversia, esta vez no por una decisión legislativa, sino por el señalamiento público a dos figuras fundamentales de la cultura contemporánea. El entorno más cercano a Carles Puigdemont ha reaccionado con dureza ante el reconocimiento institucional otorgado a la chef Carme Ruscalleda y al escultor Jaume Plensa, evidenciando una vez más la fractura entre el reconocimiento a la excelencia profesional y las exigencias de fidelidad ideológica del nacionalismo radical.

El estigma de la traición: La reacción de Josep Lluís Alay

La chispa que encendió la polémica fue prendida por Josep Lluís Alay, jefe de la oficina del expresidente catalán. Tras conocerse que Ruscalleda y Plensa habían aceptado ser nombrados Embajadores Honorarios de la Marca España (EHME), Alay utilizó sus perfiles en redes sociales para tildarlos de «traidores a Cataluña». Este ataque frontal no solo ha generado estupefacción en el sector cultural, sino que incluso ha provocado discrepancias internas dentro del movimiento independentista, donde algunas voces critican que este tipo de retórica aleja más de lo que suma a su proyecto político.

El señalamiento de Alay se fundamenta en la participación de ambos artistas en un acto institucional presidido por el Rey Felipe VI. Para el entorno de Puigdemont, el hecho de que dos de los creadores catalanes con mayor proyección internacional acepten representar la imagen de España fuera de sus fronteras constituye un agravio imperdonable, ignorando la trayectoria individual y el prestigio que ambos han aportado a la sociedad catalana durante décadas.

Ruscalleda y Plensa: Embajadores de la excelencia global

Más allá de las lecturas partidistas, el nombramiento de estos dos referentes responde a una realidad indiscutible: su capacidad para proyectar una imagen de modernidad e innovación. Carme Ruscalleda, distinguida en la categoría de Turismo y Gastronomía, es una figura histórica en la cocina mundial, siendo la mujer con más estrellas Michelin del planeta (siete en total). Su labor en el Sant Pau de Sant Pol de Mar y su expansión a Tokio o Barcelona la sitúan como una embajadora natural de la cultura mediterránea.

Por su parte, Jaume Plensa, galardonado en la categoría de Artes, es probablemente el escultor catalán vivo con mayor presencia en el espacio público internacional. Sus obras, que exploran la condición humana mediante bustos de gran formato y estructuras translúcidas, decoran ciudades como Nueva York, Chicago y Madrid. Entre sus hitos más recientes destaca la instalación de las puertas del Gran Teatre del Liceu en Barcelona, un ejemplo de cómo su arte dialoga constantemente con sus raíces y con el mundo.

Un reconocimiento a la diversidad del talento español

La ceremonia, celebrada en el Palacio de El Pardo, no se limitó al ámbito catalán. La 11.ª promoción de estos embajadores honoríficos puso de relieve la variedad de campos en los que el talento nacional destaca de forma sobresaliente. Entre los otros cinco premiados se encuentran:

  • Susana Rodríguez Gacio: Médica y campeona paralímpica, reconocida en la categoría de Deportes por su ejemplo de superación y éxito en la élite.
  • Ana José Varela: Responsable financiera de la OCDE, distinguida por su labor en las Relaciones Internacionales.
  • Diego González Rivas: Cirujano pionero en técnicas torácicas mínimamente invasivas, premiado en el área de Acción Social.
  • Antonio Huertas: Presidente de Mapfre, cuya trayectoria en la Gestión Empresarial ha sido clave para la expansión de los servicios financieros españoles.
  • Regina Llopis: Referente en Inteligencia Artificial y computación avanzada, galardonada en la sección de Ciencia e Innovación.

El choque entre la cultura y la exclusión ideológica

El evento contó con el respaldo del Gobierno, representado por el ministro Jordi Hereu, y fue conducido por la periodista Gloria Lomana. La función de estos embajadores es puramente honorífica: utilizar su prestigio personal para mejorar la percepción de España en el extranjero, algo que históricamente ha sido visto como una labor de diplomacia pública beneficiosa para todos los ciudadanos.

Sin embargo, la reacción de Alay pone de manifiesto una visión donde la cultura debe estar al servicio exclusivo de una causa política. Al calificar de traidores a quienes han llevado el nombre de Cataluña a las cotas más altas de la gastronomía y el arte, el nacionalismo radical se enfrenta al dilema de si prefiere la excelencia integrada o el aislamiento ideológico. Mientras tanto, Ruscalleda y Plensa continúan su labor, demostrando que el talento no entiende de fronteras ni de exclusiones.