Eurodiputados ratifican querella contra Alvise en el Supremo

El cerco judicial se estrecha: El impacto de las declaraciones en el Supremo

La tensión política dentro de la formación Se Acabó la Fiesta (SALF) ha trascendido las fronteras parlamentarias para instalarse definitivamente en las salas del Tribunal Supremo. Este lunes, el magistrado Manuel Marchena ha tomado declaración a Diego Adrián y Nora Junco, quienes han ratificado formalmente sus acusaciones contra Luis ‘Alvise’ Pérez. El proceso marca un hito en la cuarta causa penal que el líder político enfrenta en el alto tribunal, centrada en presuntos delitos de revelación de secretos y un hostigamiento que habría traspasado la esfera digital para afectar la vida privada de los querellantes.

La comparecencia de los dos eurodiputados, ahora integrados en el grupo de Conservadores y Reformistas Europeos, supone un paso crítico en la instrucción. Al confirmar los términos de su denuncia, refuerzan la tesis de que el comportamiento de Alvise Pérez no fue una simple crítica política, sino una estrategia de presión y coacción sistemática tras la ruptura de la relación profesional y política que los unía durante las elecciones europeas de 2024.

Acoso digital y seguridad personal: El núcleo de la denuncia

El núcleo de la querella ratificada no solo se limita a la difusión de información confidencial, sino que describe un clima de inseguridad personal alarmante. Según los testimonios y la documentación aportada, la filtración de datos sensibles —como direcciones particulares, números de teléfono personales y rutas de desplazamiento— provocó una oleada de mensajes amenazantes por parte de seguidores de la formación.

  • Revelación de datos: Publicación de canales de contacto privados y ubicaciones en tiempo real.
  • Impacto psicológico: Alteración severa de las rutinas diarias y miedo a ser abordados físicamente en la vía pública.
  • Obstrucción parlamentaria: Dificultades para ejercer sus funciones como eurodiputados debido al hostigamiento constante.

La Sala de lo Penal ha valorado indiciariamente que estas acciones podrían haber sido orquestadas para generar una actitud repetidamente hostil. El magistrado instructor analiza si las llamadas de Alvise a sus seguidores para que manifestaran su rechazo hacia los querellados constituyen un delito de acoso, especialmente al no cesar el comportamiento tras evidenciarse las intenciones de sus seguidores de alterar la vida normal de los afectados.

Un historial judicial en expansión: Los frentes abiertos de Alvise Pérez

Esta causa por acoso es solo una pieza en un tablero judicial mucho más complejo para el eurodiputado. La acumulación de procedimientos en el Tribunal Supremo dibuja un panorama jurídico delicado para el líder de SALF, quien ya ha tenido que responder por diversas tipologías delictivas en meses recientes:

En primer lugar, se mantiene abierta la investigación por la difusión de una prueba PCR falsa vinculada al actual presidente de la Generalitat, Salvador Illa, un caso que se remonta a la pandemia. A esto se suma el conflicto con la justicia valenciana por la publicación de mensajes dirigidos contra la fiscal de delitos de odio, Susana Gisbert. Sin embargo, el frente más comprometido financieramente es el relativo a la financiación ilegal, donde se investiga la recepción de 100.000 euros destinados presuntamente a su campaña, bajo sospechas de blanqueo y estafa.

Hacia la comparecencia voluntaria del investigado

Tras la ratificación de los querellantes, el foco de atención se desplaza al próximo lunes, fecha en la que Alvise Pérez está citado para ofrecer su versión de los hechos. Esta declaración tendrá carácter voluntario, una estrategia que permite al investigado intentar desmontar las acusaciones de revelación de secretos antes de que el proceso avance hacia fases más determinantes.

La resolución de este caso determinará no solo el futuro jurídico de Pérez, sino también los límites legales de la influencia digital ejercida por figuras políticas sobre sus bases de seguidores. El Tribunal Supremo deberá dirimir si el activismo en redes sociales puede amparar la exposición de la intimidad de adversarios políticos o si, por el contrario, estas prácticas deben ser sancionadas como una forma grave de coacción en la era de la información.