Las claves del peritaje: Cinco días de antelación para una tragedia histórica
La instrucción judicial sobre la catástrofe del 29 de octubre en Valencia ha dado un giro significativo tras la comparecencia de la exjefa de Meteorología de la televisión autonómica À Punt. En su calidad de perito ante el juzgado de Catarroja, la experta ha sido contundente: el potencial destructivo de la DANA no fue una sorpresa de última hora, sino una situación que los modelos meteorológicos ya proyectaban con una antelación de casi una semana.
Según el testimonio aportado, el seguimiento técnico permitió identificar la peligrosidad extrema del fenómeno desde el viernes anterior al desastre. Esta previsión fue tan sólida que la propia cadena de televisión reestructuró su parrilla y preparó sus equipos de cobertura basándose en la certeza de que las cuencas del Túria y el Júcar recibirían volúmenes de agua inauditos. La precisión del pronóstico permitía anticipar que el agua acumulada en el interior buscaría su salida natural hacia el mar, desbordando cauces habitualmente secos.
El colapso entre la ciencia y la respuesta política
El relato judicial pone el foco en la brecha existente entre la información técnica disponible y las decisiones tomadas por los responsables de emergencias, entre los que figuran como investigados la exconsellera Salomé Pradas y su entonces número dos, Emilio Argüeso. La perito subrayó que los datos eran de una precisión milimétrica, permitiendo geolocalizar las zonas de mayor impacto con días de margen estratégico.
El uso de tecnología avanzada y la colaboración con entidades como la Asociación Valenciana de Meteorología (AVAMET) permitieron obtener registros en tiempo real que confirmaban los peores presagios. La experta destacó ante la jueza que no solo se preveía lluvia, sino un evento que superaría hitos históricos como la pantanada de Tous, con precipitaciones equivalentes a todo un año concentradas en apenas sesenta minutos.
Cronología crítica: De la alerta temprana al desastre en los barrancos
La declaración detalló una hoja de ruta de avisos que comenzó a materializarse desde las primeras horas de la jornada fatídica, evidenciando que el sistema de detección funcionó de forma escalonada pero constante:
- 06:00 horas: Inicio de las precipitaciones con intensidad torrencial en puntos clave de la provincia.
- 07:36 horas: Activación oficial de la alerta roja por parte de la AEMET, indicando un riesgo extremo para la integridad de las personas.
- 09:00 – 11:00 horas: Desplazamiento de los núcleos de lluvia desde la Ribera Alta hacia las zonas de Utiel-Requena, confirmando registros históricos.
- 11:52 horas: Emisión de avisos específicos sobre el peligro de riadas en la zona costera, a pesar de que en esos puntos todavía no llovía.
- 12:20 horas: Advertencia crítica sobre el inminente desbordamiento de barrancos y ríos cortos que actúan como colectores de la lluvia caída en el interior.
El testimonio concluye que la magnitud de la inundación era una realidad científica confirmada mucho antes de que se enviaran los avisos masivos a la población a través de los dispositivos móviles. La capacidad de anticipación demostrada por el equipo de À Punt pone de manifiesto que las herramientas de monitorización meteorológica cumplieron su cometido, trasladando ahora el peso de la investigación a la gestión de dicha información por parte de los organismos de Protección Civil para evitar las 230 víctimas mortales registradas.
