La comparecencia de Rosalía Iglesias en la Audiencia Nacional ha aportado matices significativos a la trama del caso Kitchen. En una declaración marcada por la distancia emocional y la discreción que mantuvo durante los años más convulsos del Partido Popular, la esposa de Luis Bárcenas ha confirmado movimientos estratégicos de dispositivos electrónicos, aunque ha mantenido una postura de desconocimiento sobre el contenido específico de las grabaciones que podrían haber comprometido a la cúpula de la formación.
El misterio de los dispositivos entregados a la defensa
Uno de los puntos clave del interrogatorio giró en torno a la gestión del material tecnológico que el extesorero poseía antes de su ingreso en la prisión de Soto del Real. Iglesias admitió haber actuado como enlace para poner a buen recaudo herramientas de comunicación vitales. Según su testimonio, por instrucción directa de su marido, entregó al abogado Gómez de Liaño un iPad y al menos dos teléfonos móviles.
Este movimiento se produjo en un contexto de máxima tensión judicial, coincidiendo con el traslado de cajas desde la sede central de Génova hasta su propio estudio profesional en el madrileño barrio de Salamanca. La logística de estos documentos y dispositivos es fundamental para entender el objetivo del operativo Kitchen, presuntamente diseñado para sustraer información sensible a la familia Bárcenas.
Los audios de Rajoy: saber de su existencia sin escucharlos
Respecto a la prueba reina que siempre ha sobrevolado el caso —las grabaciones de Mariano Rajoy y Javier Arenas—, Rosalía Iglesias ha optado por una defensa de perfil bajo. Si bien reconoció que Bárcenas le mencionó la existencia de estos archivos sonoros, aseguró tajantemente que nunca llegó a escucharlos ni supo dónde se custodiaban.
Bajo una narrativa de protección mutua, Iglesias describió una relación donde los detalles de las reuniones políticas de su marido quedaban fuera del ámbito doméstico:
- Desconocimiento de los lugares de ocultación de las grabaciones originales.
- Ausencia de curiosidad personal sobre el contenido de los audios comprometedores.
- Falta de control sobre la información que su marido compartía con terceros.
La figura del chófer Sergio Ríos y la desconfianza familiar
La declaración también profundizó en la figura de Sergio Ríos, el chófer de confianza que terminó convirtiéndose en una pieza central del espionaje estatal. Iglesias relató una transición traumática: de ser un apoyo indispensable en una época «devastadora» tras la entrada en prisión de Bárcenas, a mostrar una actitud desafiante y brusca.
La seguridad de la familia se vio comprometida, según su relato, por cambios en el comportamiento de Ríos, quien justificaba ausencias injustificadas alegando visitas al gimnasio mientras ella se sentía «aterrada» ante la presión mediática y policial. Fue la propia Iglesias quien finalmente decidió prescindir de sus servicios ante el cariz que tomaba la situación, sin saber entonces que su conductor era un informante clave para el Ministerio del Interior.
El pasado carcelario y las cuentas en Suiza
Tras haber cumplido una pena de dos años y ocho meses de prisión por su implicación en el caso Gürtel, Iglesias aprovechó su comparecencia para desvincularse de cualquier operativa financiera en el extranjero. A preguntas de las defensas sobre cuentas en entidades como el Lombard Odier, la declarante fue rotunda al negar cualquier titularidad o control sobre fondos en el país helvético.
Finalmente, la sesión dejó una incógnita sobre la identidad de un informático de nacionalidad colombiana, apodado Isidro Sánchez, a quien presuntamente se recurrió en prisión para gestionar la eliminación de archivos digitales. Rosalía Iglesias recordó la advertencia de su marido de «no fiarse» de este individuo, subrayando una vez más el clima de sospecha y paranoia que rodeó la custodia de los secretos del Partido Popular durante la última década.
