Aldama afirma que Zapatero usaba móviles de la trama Koldo

El rastro de las comunicaciones seguras: ¿Llegó la trama hasta Zapatero?

La declaración de Víctor de Aldama ante la Audiencia Nacional ha introducido un elemento inesperado en la investigación: la mención directa a José Luis Rodríguez Zapatero. Según el empresario, el expresidente habría utilizado terminales de comunicación cifrados, similares a los que empleaban los principales implicados en la denominada trama Koldo. El relato apunta a que estos dispositivos, diseñados para evadir rastreos convencionales, eran suministrados presuntamente por un comandante de la Guardia Civil y distribuidos posteriormente entre figuras clave del entorno ministerial.

Aunque Aldama ha matizado que no posee pruebas directas de que Zapatero recibiera personalmente estos terminales de su mano, su testimonio vincula al exmandatario con la infraestructura de seguridad que rodeaba a José Luis Ábalos y su círculo más íntimo. Esta revelación sugiere que la red de influencias no solo buscaba beneficios económicos, sino que operaba bajo un sistema de blindaje tecnológico para proteger sus movimientos y conversaciones institucionales.

Divergencias en las mordidas: El foco sobre Ángel Víctor Torres

Uno de los puntos más críticos de la comparecencia ha sido la delimitación de responsabilidades políticas en la compra de material sanitario durante los meses más duros de la pandemia. Aldama ha trazado una línea divisoria clara entre dos de los presidentes autonómicos más señalados en el proceso:

  • Ángel Víctor Torres: El actual ministro ha sido señalado directamente por el empresario como una de las piezas que habrían facilitado la operativa de la trama.
  • Francina Armengol: A diferencia de Torres, Aldama ha excluido a la actual presidenta del Congreso de cualquier cobro de «mordidas» directas, aunque ha subrayado que Koldo García alardeaba frecuentemente de su estrecha relación con ella para ganar peso en las negociaciones.

Este cambio de narrativa desplaza la presión judicial hacia el Ministerio de Política Territorial, sugiriendo que la red de contactos de Aldama era mucho más capilar de lo que se estimaba inicialmente en los informes preliminares de la Unidad Central Operativa (UCO).

El canon de influencia: 10.000 euros más allá de las mascarillas

La investigación ha revelado que los pagos en efectivo realizados a Koldo García no eran eventos aislados vinculados exclusivamente a la emergencia sanitaria. Según el testimonio de Aldama, existía un pago recurrente de 10.000 euros mensuales que funcionaba como una suerte de «igualas» o canon de mantenimiento. El objetivo de este flujo financiero no era solo el éxito en los contratos de mascarillas, sino asegurar una vía de acceso permanente a la obra pública y otras decisiones estratégicas del Ministerio de Transportes.

Los investigadores sostienen que este patrón de conducta se mantuvo activo incluso después de que los principales responsables fueran cesados de sus cargos oficiales en julio de 2021. Esto demuestra que la organización criminal tenía una visión a largo plazo, buscando consolidar su capacidad de influencia y lucro económico independientemente de la coyuntura política inmediata.

La encrucijada judicial de la Audiencia Nacional

El magistrado Ismael Moreno se enfrenta ahora a un puzle de testimonios cruzados. Mientras Koldo García se acoge a su derecho a no declarar bajo el pretexto de que los hechos ya han sido analizados por el Tribunal Supremo, Víctor de Aldama ha optado por una estrategia de colaboración selectiva que está dinamitando la defensa de otros investigados.

La causa, que nació de las irregularidades en la adquisición de equipos de protección, se ha expandido hacia una investigación sobre el amaño de contratos públicos y presuntos pagos en metálico para la financiación de gastos de partido. Con piezas que aún permanecen bajo secreto de sumario, el testimonio de Aldama se convierte en la brújula que la justicia utiliza para descifrar si estamos ante un caso de corrupción puntual o ante una estructura sistémica instalada en el corazón del Gobierno de España durante años.