La vivencia de la fe no debería entenderse como un conflicto de fronteras idiomáticas. Bajo esta premisa, el arzobispo de Valencia, Enrique Benavent, ha puesto sobre la mesa una reflexión necesaria sobre la presencia del valenciano en la Iglesia. Su mensaje no solo busca la integración lingüística, sino también una tregua en el debate social que a menudo instrumentaliza la lengua con fines ideológicos, alejándola de su propósito original: la comunicación y la identidad comunitaria.
Hacia una liturgia sin etiquetas políticas
Para Benavent, el uso de la lengua propia en los templos valencianos no es un asunto de prohibiciones, sino de normalización cotidiana. El prelado ha subrayado que el acceso al Evangelio en valenciano es una realidad permitida y abierta, aunque reconoce que el camino hacia una presencia plena todavía requiere de un esfuerzo conjunto. La clave, según el arzobispo, reside en la despolitización del lenguaje, evitando que cada término o elección léxica se convierta en objeto de análisis polémico por parte de observadores externos.
El arzobispo ha propuesto una visión práctica basada en la convivencia, similar a la que experimentó durante su mandato en la diócesis de Tortosa. Allí, la coexistencia de lenguas se gestionaba con una naturalidad técnica: los fieles elegían el horario de misa que mejor les convenía, independientemente de si la liturgia se celebraba en castellano o catalán. Este modelo de pragmatismo es el que Benavent aspira a consolidar en la archidiócesis valentina, donde el idioma sea un vehículo de espiritualidad y no un motivo de fricción.
El reflejo de la realidad social en las aulas
Uno de los argumentos más sólidos presentados por el titular de la sede valentina es el desajuste entre la demanda social y la práctica institucional. Los datos son reveladores y marcan una tendencia clara en el ámbito civil que la Iglesia no puede ignorar:
- Más de la mitad de las familias valencianas optan por la educación en valenciano para sus hijos.
- Se estima que la cifra de padres que eligen esta opción en la escuela pública ronda el 60%.
- Existe una voluntad creciente de mantener el patrimonio lingüístico en las nuevas generaciones.
Ante estas cifras, Benavent insiste en que las instituciones eclesiales deben mostrar una apertura real que acompañe este sentimiento popular. La responsabilidad del clero, bajo su visión, es garantizar que el valenciano no sea excluido por el mero hecho de serlo, fomentando un entorno donde la paz social sea el resultado de un respeto mutuo y genuino.
Pasos progresivos hacia la normalización
Aunque el proceso es lento, el arzobispo valora positivamente los pequeños avances logrados en los últimos años. La meta final no es una imposición, sino un escenario de libertad de elección donde las parroquias reflejen la identidad de su pueblo. Al fomentar una actitud receptiva por parte de los sacerdotes y las estructuras de la Iglesia, se busca eliminar las barreras invisibles que han frenado la normalización lingüística en el pasado.
En conclusión, la defensa del valenciano por parte de Enrique Benavent se fundamenta en la apertura cultural y el sentido común. Al proponer que la lengua se viva con tranquilidad y sin las tensiones propias de la arena política, el arzobispo señala un camino donde la fe y la cultura local caminan de la mano, permitiendo que cada creyente se encuentre con Dios en su propia lengua, sin temor a juicios ni controversias innecesarias.
