Aznar vincula los escaños de Bildu con el pasado de ETA

En el marco del vigésimo quinto aniversario del asesinato de Manuel Giménez Abad, el expresidente José María Aznar ha lanzado una severa reflexión sobre la dirección ética de la política española contemporánea. Durante un solemne acto de homenaje en Zaragoza, el antiguo líder del Ejecutivo vinculó directamente la estabilidad parlamentaria de Pedro Sánchez con el legado estructural de ETA, sosteniendo que la influencia de EH Bildu en la gobernabilidad del país es una herencia que no debería haber cristalizado en votos parlamentarios.

La aritmética parlamentaria bajo el prisma de la memoria histórica

Para Aznar, la permanencia del actual Gobierno en el poder no es un hecho aislado, sino que responde a una alianza con sectores que, a su juicio, no han realizado un ejercicio de ruptura total con su pasado. El expresidente fue tajante al afirmar que la representación de la izquierda abertzale en las Cortes Generales es el resultado de un proceso histórico donde la violencia terrorista dejó un sustrato político que hoy se traduce en escaños decisivos para el PSOE. En su discurso, enfatizó que sin la trayectoria de la banda terrorista, la formación liderada por Arnaldo Otegi no gozaría de la posición estratégica que actualmente ostenta.

La intervención tuvo lugar tras las palabras de Manuel Giménez Larraz, hijo del político del PP que fue tiroteado en 2001 mientras se dirigía al estadio de La Romareda. Este contexto sirvió para que Aznar insistiera en que honrar a las víctimas no es solo un acto de recuerdo, sino un compromiso activo para evitar que las «coartadas póstumas» de los victimarios ganen terreno en el relato democrático.

El contraste entre la derrota policial y la negociación política

Uno de los puntos clave del análisis de Aznar fue la defensa de su propia doctrina antiterrorista, basada en el cumplimiento íntegro de las penas y el rechazo frontal a cualquier tipo de concesión. El expresidente contrapuso su gestión, orientada a la anulación total de la capacidad de presión de la banda, con las políticas actuales, a las que acusa de utilizar la política penitenciaria como una «moneda de cambio» parlamentaria.

  • Defensa del Estado de Derecho: Reivindicación de la estrategia que buscaba la rendición incondicional sin contrapartidas políticas.
  • Crítica a la política penitenciaria: Censura de los acercamientos y beneficios a presos como parte de acuerdos de legislatura.
  • Deslegitimación ética: Necesidad de invalidar el proyecto político que pretendía imponerse a través de las armas.

Un llamamiento contra la reprogramación de la memoria democrática

Hacia el cierre de su intervención, el expresidente alertó sobre lo que considera una «demolición» de la estrategia que permitió derrotar a ETA. Criticó que actores que formaron parte del entorno de la violencia ahora participen en la definición de la memoria democrática de España. Según Aznar, permitir que EH Bildu actúe como validador de la historia nacional supone un riesgo de «reprogramar» la verdad de lo ocurrido durante décadas de terrorismo.

Finalmente, Aznar subrayó que la supervivencia del Partido Popular no ha dependido de la violencia, sino que ha sido una resistencia heroica a pesar de ella. Concluyó instando a las instituciones y a la sociedad civil a no permitir que el final legítimo del terrorismo —que siempre debió ser la derrota y no el pacto— sea desdibujado por la conveniencia política del presente, asegurando que el sacrificio de figuras como Giménez Abad debe ser el pilar innegociable de cualquier pacto de Estado.