La estrategia jurídica del Ejecutivo central ha tomado un rumbo de colisión frontal contra las acusaciones vertidas durante el proceso judicial del denominado caso mascarillas. El ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, ha sido tajante al confirmar que el Gobierno no se quedará de brazos cruzados ante lo que considera una campaña de difamación orquestada por el empresario Víctor de Aldama. Esta contraofensiva legal, que incluirá también a Begoña Gómez, se activará en el momento exacto en que el Tribunal Supremo emita un fallo definitivo sobre la causa.
El contraataque judicial contra las calumnias de Aldama
Para el Ejecutivo, la libertad de defensa de un procesado termina donde empieza el derecho al honor de terceros. Bolaños ha subrayado que, si bien cualquier acusado tiene la prerrogativa técnica de faltar a la verdad para protegerse, no existe impunidad para la injuria o la denuncia falsa. La intención de querellarse no es nueva; el PSOE ya intentó dar este paso en 2024, encontrando la negativa provisional del Supremo, que instó a la formación a aguardar el dictamen de los magistrados.
El ministro ha puesto nombres y apellidos sobre la mesa, señalando que las presuntas mentiras de Aldama no solo han intentado salpicar a la Presidencia, sino que han afectado directamente a figuras de peso como María Jesús Montero y Francina Armengol. La tesis gubernamental es clara: una vez se despeje la incógnita de la sentencia, se solicitará de nuevo la autorización judicial para proceder penalmente contra el comisionista, buscando resarcir el daño reputacional causado durante las sesiones de la vista oral.
Desmentido rotundo: No hay tregua con José Luis Ábalos
Uno de los puntos más controvertidos de la actualidad política ha sido la supuesta existencia de un acuerdo de «no agresión» entre la cúpula socialista y el exministro José Luis Ábalos. Félix Bolaños ha aprovechado su intervención en medios de comunicación para desmantelar esta teoría, calificando la situación como un proceso «profundamente doloroso» para el partido. La narrativa de la formación es que la contundencia fue inmediata: se exigió el acta de diputado y se expulsó al exsecretario de Organización ante los primeros indicios de irregularidades.
La distancia entre el PSOE y su antiguo hombre fuerte es, según el titular de Justicia, insalvable. Bolaños ha manifestado un sentimiento de repugnancia hacia cualquier sospecha de corrupción, enfatizando que el rigor debe ser máximo cuando los implicados pertenecen a las propias filas. En este contexto, el Gobierno confía plenamente en que el Tribunal Supremo realizará un análisis jurídico impecable, dictando una resolución que se ajuste estrictamente a derecho y que ponga fin a las especulaciones políticas.
Diferencias sustanciales: Del caso Gürtel al caso Mascarillas
La comparación entre Víctor de Aldama y figuras como José Luis Peñas, el exconcejal que destapó la trama Gürtel, ha sido rechazada de plano por el Ministerio de Justicia. Bolaños sostiene que existen abismos éticos y procedimentales entre ambos perfiles:
- Origen de la investigación: Mientras que Peñas aportó grabaciones y pruebas antes de que el sistema judicial actuara, Aldama solo ha ofrecido testimonios cuando ya se encontraba contra las cuerdas de la instrucción.
- Naturaleza de la colaboración: Para el Gobierno, Peñas actuó como un denunciante real de la corrupción, mientras que el comisionista actual utiliza la «colaboración» como una herramienta de distracción y ataque personal.
- Uso de la difamación: Se argumenta que el denunciante de la Gürtel se ciñó a los hechos probados, a diferencia de la estrategia de Aldama, que el Ejecutivo cataloga como pura invención calumniosa.
Autonomía fiscal y criterios de atenuación
Finalmente, el debate se ha trasladado al papel de la Fiscalía Anticorrupción y la supuesta presión para no rebajar las penas a Aldama. El ministro ha defendido la autonomía técnica del Ministerio Fiscal, recordando que las decisiones sobre beneficios penitenciarios o atenuantes por colaboración no dependen de directrices políticas, sino de criterios procesales objetivos.
Bolaños recordó que, en su día, la Fiscalía decidió aplicar atenuantes a Francisco Correa bajo criterios técnicos específicos. En el escenario actual, será nuevamente el tribunal el encargado de valorar si el testimonio de Aldama aporta valor real a la justicia o si, por el contrario, carece de la veracidad necesaria para ser considerado un factor de reducción de condena. El Gobierno, por su parte, mantiene una postura de respeto absoluto a los tiempos judiciales, preparando el terreno para una batalla legal que promete ser el siguiente gran capítulo de este serial político-judicial.
