Lo que parecía una misión imposible tras los dos primeros asaltos de la serie se ha convertido en una realidad histórica. El Valencia Basket ha sellado su pasaporte hacia la Final Four de la Euroliga tras arrollar al Panathinaikos AKTOR por 81-64 en un quinto partido que ya forma parte de la mitología del club. En un Roig Arena entregado a la causa, el conjunto dirigido por Pedro Martínez completó el milagro de levantar un 0-2 adverso, demostrando una madurez competitiva fuera de toda duda.
La metamorfosis competitiva: Del abismo a la Final Four
La victoria del cuadro valenciano no fue fruto del azar, sino de una superioridad táctica manifiesta durante los cuarenta minutos. Desde el salto inicial, el equipo local impuso un ritmo físico que los hombres de Ergin Ataman no supieron descifrar. A diferencia de los encuentros en Atenas, donde los griegos dominaron la pintura, esta vez el Valencia Basket cerró el rebote con fiereza, limitando las segundas opciones de un Panathinaikos que se vio desbordado por la intensidad defensiva taronja.
El primer cuarto ya marcó la tendencia del duelo. Aunque el marcador era corto (14-10), las sensaciones favorecían claramente a los locales. Jean Montero asumió la batuta en la creación, mientras que la irrupción de Sergio de Larrea aportó una frescura eléctrica que descolocó a la experimentada línea exterior helena. El Valencia no solo jugaba con el corazón, sino con una inteligencia emocional que le permitió gestionar la presión de un quinto partido a vida o muerte.
Brancou Badio y el factor diferencial en el perímetro
Si hubo un nombre propio que dinamitó el encuentro, ese fue Brancou Badio. El escolta fue el encargado de romper la resistencia del Panathinaikos cada vez que los visitantes intentaban asomar la cabeza. Su acierto exterior y su capacidad para generar ventajas desde el uno contra uno fueron un quebradero de cabeza para la defensa visitante. Junto a él, Braxton Key y Matt Costello se convirtieron en muros infranqueables, dejando a figuras de la talla de Mathias Lessort en cifras muy alejadas de sus promedios habituales.
- Control del ritmo: El Valencia minimizó las transiciones rápidas del rival.
- Defensa coral: Las ayudas constantes anularon el impacto individual de Kenneth Faried.
- Eficacia en el banquillo: La rotación de Pedro Martínez mantuvo el nivel de energía alto durante todo el choque.
La frustración del banquillo griego quedó patente cuando Ergin Ataman recibió una falta técnica tras una airada protesta. En ese momento, el marcador señalaba un 35-18 que empezaba a sentenciar el destino del choque. Solo la insistencia de Nigel Hayes-Davis, el jugador más lúcido del conjunto ateniense, permitía al Panathinaikos soñar con una reacción que, finalmente, nunca llegaría a consolidarse.
Resistencia taronja ante los intentos de remontada
Tras el paso por vestuarios, el Panathinaikos intentó quemar sus últimas naves. De la mano de Jerian Grant y fogonazos aislados de Kendrick Nunn, los visitantes lograron un parcial de 0-10 que heló por unos instantes el ánimo del Roig Arena. Sin embargo, el Valencia Basket demostró que ha aprendido a sufrir. Un triple balsámico de Badio y la solidez bajo los tableros de Jaime Pradilla devolvieron la calma a los locales.
A pesar de que un acierto lejano de Juancho Hernangómez dejó la diferencia en solo seis puntos al final del tercer periodo (56-50), el inicio del último cuarto fue un monólogo valenciano. La aparición de secundarios de lujo como Nate Reuvers y el despliegue físico de Neal Sako terminaron por hundir la moral de un equipo griego que se quedó sin recursos tácticos ni energía física para competir el tramo final.
Próxima parada: Un Clásico europeo en la Final Four
Con el silbato final y el 81-64 definitivo, la celebración estalló en Valencia. No es para menos: el equipo ha logrado una de las gestas más complicadas del baloncesto continental, remontando una serie de playoffs de Euroliga tras perder los dos primeros encuentros. Esta victoria no solo otorga el acceso a la fase final, sino que confirma el proyecto del Valencia Basket como una de las potencias emergentes del panorama europeo.
El horizonte ahora se tiñe de un interés especial para el baloncesto español. El Valencia Basket se verá las caras en semifinales con el Real Madrid, garantizando la presencia de un equipo de la Liga Endesa en la gran final por el título continental. El camino ha sido tortuoso, pero el premio es el escenario más prestigioso del mundo FIBA. El conjunto de Pedro Martínez llega a la cita con la moral por las nubes y el respeto ganado de toda Europa tras anular al vigente campeón de una forma tan rotunda.









