La estabilidad diplomática en el Estrecho de Gibraltar vuelve a verse sacudida por la retórica religiosa. El actual presidente de la Unión Internacional de Eruditos Musulmanes, Ali Qaradaghi, ha protagonizado un giro radical en su discurso sobre la soberanía de Ceuta, retractándose de sus afirmaciones iniciales tras una intensa presión política proveniente de sectores nacionalistas marroquíes. Este cambio de postura no es un hecho aislado, sino que responde a una corriente de pensamiento que cuestiona periódicamente la integridad territorial de España.
El giro de Ali Qaradaghi: entre la presión política y la conspiración
En un primer momento, el líder religioso describió a la ciudad autónoma como la frontera entre España y Europa, una definición técnica que, sin embargo, fue interpretada en Marruecos como un reconocimiento tácito de la jurisdicción española. La reacción de los sectores más conservadores de Rabat fue inmediata, lo que obligó a Qaradaghi a emitir un comunicado de corrección. En este nuevo texto, el clérigo atribuyó sus palabras previas a un error de su equipo de comunicación y redefinió a Ceuta y Melilla como territorios islámicos y marroquíes.
Lo más llamativo de esta rectificación es el uso de una narrativa de confrontación geopolítica. Qaradaghi vinculó la crisis migratoria y las tensiones en la zona con supuestos planes de influencia sionista, intentando desviar el foco de la gestión administrativa hacia un conflicto de identidades religiosas. Al mismo tiempo, el líder islamista trató de equilibrar su discurso alabando las posturas del Ejecutivo español respecto a la cuestión palestina, evidenciando el delicado equilibrio que intenta mantener entre la ideología religiosa y la diplomacia estatal.
El concepto del Gran Magreb y la doctrina de la Unión de Eruditos
Para entender este posicionamiento, es necesario observar los antecedentes de la organización que preside Qaradaghi. No es la primera vez que la Unión Internacional de Eruditos Musulmanes choca con la realidad fronteriza de España. En el año 2022, el predecesor en el cargo, Ahmed Raissouni, fue más allá al defender la expansión de las fronteras bajo el concepto del Gran Magreb.
- Reivindicación de territorios en Mauritania y zonas de Argelia.
- Inclusión de Ceuta y Melilla como objetivos irrenunciables del expansionismo ideológico.
- Llamamientos a la movilización civil y religiosa, similar a la histórica Marcha Verde.
Esta doctrina, que hunde sus raíces en el nacionalismo marroquí de mediados del siglo XX liderado por el partido Istiqlal, busca reconstruir un mapa que la comunidad internacional no reconoce. La retórica de la «yihad» o lucha espiritual para recuperar estos territorios ha sido una constante en los discursos más extremistas de la organización, generando fricciones no solo con España, sino también con países vecinos como Argelia.
Realidad histórica y derecho internacional frente al revisionismo
Frente a las pretensiones de los grupos islamistas, los datos históricos y jurídicos ofrecen una perspectiva diferente. La presencia de España en el norte de África es anterior a la propia creación del Estado moderno de Marruecos. Melilla se incorporó a la corona en 1497 y Ceuta hizo lo propio de forma definitiva en 1640, tras su etapa previa bajo dominio portugués.
Desde el punto de vista del derecho internacional, la posición española es sólida. A pesar de los intentos de Marruecos en 1975 por incluir a ambas ciudades en la lista de territorios pendientes de descolonización de las Naciones Unidas, el organismo internacional rechazó la propuesta. La ONU reconoce que ambos municipios no son colonias, sino partes integrantes del territorio nacional español, con el mismo estatus que cualquier otra provincia o comunidad autónoma de la península.
Conclusión: el desafío de la retórica religiosa en la diplomacia moderna
La rectificación de Ali Qaradaghi pone de manifiesto cómo las instituciones religiosas de gran calado pueden actuar como herramientas de presión política. Mientras que la diplomacia oficial entre Madrid y Rabat busca cauces de cooperación, estas declaraciones alimentan una narrativa de confrontación que ignora los tratados vigentes y la historia compartida. La soberanía de Ceuta y Melilla, respaldada por siglos de administración y el reconocimiento de las leyes internacionales, continúa siendo el punto de fricción donde chocan el pragmatismo de los estados y las ambiciones de los movimientos panislamistas.
