Feijóo pide la dimisión de Sánchez tras imputar a Zapatero

El cerco judicial a Zapatero: Un nuevo frente crítico para el Palacio de la Moncloa

La reciente resolución del magistrado José Luis Calama en la Audiencia Nacional ha provocado un seísmo político de consecuencias imprevisibles. Al situar al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero bajo investigación por un presunto tráfico de influencias en favor de la compañía Plus Ultra, la justicia ha proporcionado al Partido Popular el argumento definitivo para redoblar su ofensiva. Alberto Núñez Feijóo ha roto su hermetismo habitual para señalar que la actual situación no solo afecta a nombres individuales, sino que cuestiona la integridad misma de la estructura del Estado.

Para el líder de la oposición, la permanencia de Pedro Sánchez en la presidencia es ya incompatible con el decoro institucional. Feijóo sostiene que la «salida digna» es la renuncia inmediata, argumentando que cada día que pasa el Gobierno se hunde más en un lodo que desprestigia a la Justicia y a la reputación internacional de España. La tesis de Génova es clara: no se trata de casos aislados, sino de un ecosistema donde el poder se utiliza para beneficios de terceros.

La «razón fundacional» del Gobierno: Un análisis de la genealogía socialista

El análisis de Feijóo sobre la crisis actual se remonta a los orígenes del sanchismo. Según sus declaraciones, la corrupción no es un accidente en esta legislatura, sino el motor que permitió al PSOE alcanzar y mantener el poder. En su argumentación, destaca tres pilares clave que ahora se ven comprometidos ante la ley:

  • José Luis Ábalos: El exministro, pieza clave en la moción de censura original, se encuentra ahora procesado por presuntas irregularidades.
  • Santos Cerdán: Señalado como el mediador estratégico del Gobierno, vinculado por la oposición en las tramas de comisiones ilegales.
  • José Luis Rodríguez Zapatero: Cuya labor de interlocución con el independentismo y Junts ha quedado empañada por la imputación judicial en la Audiencia Nacional.

Desde la perspectiva del Partido Popular, Sánchez ha utilizado a estas figuras para blindar su estancia en La Moncloa, delegando funciones de Estado en personas que hoy rinden cuentas ante los tribunales. Esta «estructura jerarquizada» que describe el juez es, a ojos de Feijóo, el fiel reflejo de cómo se ha gestionado la política nacional en los últimos años.

Estrategia parlamentaria: El dilema de la moción de censura

A pesar de la contundencia de las acusaciones, el Partido Popular mantiene una cautela táctica en el Congreso de los Diputados. La portavoz Ester Muñoz ha sido la encargada de enfriar las peticiones de Vox, que presiona para presentar una moción de censura de forma inmediata. La realidad aritmética es el principal obstáculo: al bloque opositor le faltan exactamente cuatro votos para que una iniciativa de este calibre prospere.

La dirección nacional del PP prefiere que sean los actuales socios del bloque de investidura quienes asuman la responsabilidad política. Muñoz ha instado a partidos como Junts o PNV a reflexionar sobre cuánta carga ética están dispuestos a soportar antes de que la erosión electoral acabe por devorarlos. Los populares manejan datos que sugieren que el apoyo al PSOE penaliza gravemente a sus aliados en las urnas regionales, citando el ejemplo de aquellas fuerzas de izquierda que han logrado crecer precisamente por distanciarse del Ejecutivo central.

Un horizonte de resistencia hasta 2027

El diagnóstico del principal partido de la oposición es pesimista en cuanto a la voluntad de regeneración de Pedro Sánchez. Consideran que el presidente optará por el enrocamiento, utilizando todos los resortes del Estado para garantizar su defensa judicial y mantener el control férreo de su formación política. Sin presupuestos aprobados y con una fractura evidente entre los ministros de la coalición, el Gobierno parece entrar en una fase de supervivencia técnica.

Feijóo insiste en que gobernar «sin apoyos y sin decencia» es una deriva peligrosa. Para el PP, la legislatura está agotada y la imputación de Zapatero es el símbolo de un ciclo que se cierra bajo la sombra de la sospecha. La presión ahora se traslada a los socios parlamentarios, quienes tienen en su mano decidir si continúan vinculando su futuro al de un Gobierno acorralado por la Audiencia Nacional.