España ha alcanzado un hito institucional sin precedentes: la Constitución de 1978 se ha consolidado oficialmente como el texto jurídico más duradero de la historia contemporánea del país. En un solemne acto celebrado en el Congreso de los Diputados, el Rey Felipe VI ha querido transformar esta efeméride técnica en una reivindicación política y social, recordando que la salud de una democracia no se mide solo por los años que cumple su norma fundamental, sino por la voluntad firme de respetarla y desarrollarla en el día a día.
El valor de la permanencia en tiempos de incertidumbre
Superar los 17.239 días de vigencia que ostentaba la Constitución de 1876 no es solo una cuestión de estadística. Para el monarca, esta longevidad democrática es el reflejo de una «legitimidad de origen» que emana directamente de la voluntad popular. A diferencia de otros textos históricos que fueron impuestos por una facción sobre otra, el marco de 1978 nació de un espíritu de concordia que buscaba integrar todas las sensibilidades de una nación que despertaba a la libertad.
El Rey ha sido tajante al afirmar que la mejor ceremonia de homenaje que se puede brindar a la Carta Magna es, sencillamente, su cumplimiento efectivo. En un contexto marcado por la polarización y los desafíos a la estructura del Estado, Felipe VI ha apelado a la responsabilidad de los poderes públicos para fortalecer las instituciones, evitando que el texto constitucional se convierta en una «habitación vacía» de contenido real.
Una arquitectura para la convivencia ciudadana
Recurriendo a metáforas del ámbito de la construcción, el jefe del Estado describió el ordenamiento jurídico como una arquitectura habitable. No se trata solo de vigas y pilares técnicos, sino de un espacio diseñado para que la diversidad y el pluralismo puedan coexistir de forma pacífica. Según el monarca, los valores de libertad, igualdad y justicia son los materiales que realmente sostienen este edificio común.
- Unidad y Descentralización: El equilibrio entre la cohesión nacional y el reconocimiento de la diversidad territorial.
- Solidaridad Social: La base de un Estado que busca no dejar a nadie atrás.
- Seguridad Jurídica: El marco necesario para el progreso económico y la estabilidad política.
Memoria contra la barbarie y el olvido
Uno de los momentos más emotivos del discurso fue la alusión a quienes sacrificaron su vida para proteger este sistema de libertades. El Rey recordó especialmente la figura de Francisco Tomás y Valiente, cuyo asesinato por parte de la banda terrorista ETA hace tres décadas marcó un punto de inflexión en la movilización social española. Aquellas «manos blancas» que se alzaron contra la violencia fueron, en palabras del monarca, la expresión más pura de los valores constitucionales en acción.
Felipe VI advirtió que las nuevas generaciones, nacidas en plena democracia, podrían dar por sentados derechos que en gran parte del mundo siguen siendo una utopía. Por ello, instó a no caer en el derrotismo ni en la complacencia, animando a mantener un espíritu crítico que permita perfeccionar el sistema sin socavar sus cimientos esenciales.
La perspectiva histórica de Francina Armengol
Por su parte, la presidenta del Congreso, Francina Armengol, realizó un recorrido por el convulso pasado constitucional de España para poner en valor la «excepcionalidad» del momento actual. Desde la pionera Constitución de Cádiz de 1812 hasta el truncado proyecto republicano de 1931, España había buscado sin éxito una estabilidad que solo el consenso de la Transición logró consolidar.
Armengol subrayó que la actual Carta Magna es una norma viva, capaz de adaptarse mediante reformas sociales necesarias, como la reciente modificación del artículo 49 para dignificar el lenguaje y los derechos de las personas con discapacidad. Sin embargo, lanzó una advertencia clara contra la polarización extrema, pidiendo a los representantes políticos que no se conviertan en «extremos de un cuerpo que da bandazos», sino que remen en una dirección común para salvaguardar la paz civil.
Un aniversario marcado por ausencias y compromisos
A pesar del carácter histórico de la cita, el hemiciclo mostró las costuras de la actual fragmentación política. La ausencia de los grupos nacionalistas e independentistas —ERC, Junts, Bildu, PNV y BNG— contrastó con la presencia de las máximas autoridades del Estado, incluyendo al presidente Pedro Sánchez y al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Esta falta de unanimidad parlamentaria refuerza el mensaje real sobre la necesidad de redoblar el compromiso con las instituciones.
En conclusión, el aniversario de la Constitución de 1978 no se cierra como un simple récord cronológico, sino como un recordatorio de que la democracia plena es una construcción diaria. El futuro de España, tal como indicó Felipe VI, seguirá siendo brillante mientras se siga escribiendo desde la unidad y el respeto mutuo, reconociendo en la ley fundamental el mayor éxito colectivo de los españoles en los últimos dos siglos.
