Felipe VI reivindica la memoria de las víctimas de ETA

La consolidación de una democracia sana no reside únicamente en el respeto a las leyes, sino en la solidez de su memoria colectiva. Bajo esta premisa, el Rey Felipe VI ha protagonizado un solemne acto en la Universidad Autónoma de Madrid, transformando el tributo al jurista Francisco Tomás y Valiente en una defensa cerrada de la dignidad de las víctimas frente a la desmemoria y la justificación del terror.

La memoria como imperativo ético y no como revancha

En un discurso de profunda carga institucional, el monarca ha querido despojar al concepto de «memoria» de cualquier connotación negativa. Lejos de interpretarse como un anclaje en el pasado o un deseo de confrontación, la recordación de las 853 víctimas mortales de ETA se presenta como un deber cívico irrenunciable. Para Felipe VI, la convivencia en España es inviable si se ignora el sacrificio de quienes pagaron con su vida la defensa de la libertad.

El Jefe del Estado ha expresado una honda preocupación por la existencia de sectores que, aún en la actualidad, evitan condenar explícitamente la trayectoria criminal de la banda. Esta falta de reproche moral hacia el terrorismo totalitario supone, a juicio del monarca, un desafío a los valores constitucionales que fundamentan la sociedad española contemporánea.

El reto de la impunidad y la justicia pendiente

Uno de los puntos más críticos del análisis real ha sido la mención a la deuda jurídica que el Estado mantiene con las familias de los asesinados. Felipe VI ha recordado que una parte significativa de los atentados perpetrados por ETA permanecen sin resolución judicial, lo que añade una capa de dolor adicional a las víctimas supervivientes. El monarca ha enfatizado varios pilares necesarios para sanar estas heridas:

  • La necesidad de justicia efectiva para los casos que aún no han sido juzgados.
  • El reconocimiento permanente a los servidores públicos y civiles, incluyendo niños, que fueron blanco de la violencia.
  • La construcción de un relato histórico veraz que impida la romantización del terrorismo.

Transmisión generacional: enseñar la España de los ‘años de plomo’

Con la mirada puesta en el futuro, el Rey ha subrayado la importancia de la educación. Las nuevas generaciones de españoles, que han crecido en un entorno de paz, deben conocer la cruda realidad de la barbarie que asoló el país durante décadas. Según el monarca, el asesinato de Tomás y Valiente en su propio despacho universitario no fue solo un ataque contra un hombre, sino un intento de asesinar la palabra y el libre pensamiento.

Este enfoque pedagógico busca evitar que el paso del tiempo desdibuje el impacto de lo que significó vivir bajo la amenaza constante de los atentados. La lección que los jóvenes deben integrar es que la libertad actual es el resultado de una resistencia ética frente a la sinrazón violenta.

El legado de las ‘manos blancas’ y la respuesta civil

El homenaje también ha servido para recordar el punto de inflexión que supuso la muerte del catedrático en febrero de 1996. Aquel suceso detonó el movimiento de las manos blancas, un símbolo de pureza y rechazo pacífico que inundó las calles de Madrid. Felipe VI ha destacado que aquel gesto espontáneo fue la confirmación definitiva de que la sociedad española elegía el camino del diálogo frente al odio.

Citando las palabras que Tomás y Valiente dedicó a los hijos de otra víctima, Manuel Broseta, el Rey concluyó apelando a la resiliencia: la capacidad de recordar sin odio, pero con una firmeza democrática inquebrantable. La exposición inaugurada en la Facultad de Derecho, que incluye una réplica del despacho vacío del profesor, sirve como metáfora visual de una ausencia que, lejos de olvidarse, debe seguir guiando el compromiso solidario de toda la nación bajo el marco de la Constitución Española.