Los Franco inician la retirada de bienes en Meirás

El cierre definitivo de una etapa histórica en el Pazo de Meirás

El panorama en las inmediaciones del municipio coruñés de Sada ha cambiado drásticamente. Lo que durante décadas fue un símbolo de la permanencia de la familia Franco en territorio gallego, hoy se convierte en el escenario de una mudanza de dimensiones históricas. Los herederos del dictador han iniciado formalmente la retirada de pertenencias del Pazo de Meirás, movilizando un inventario que supera las 400 piezas, tras agotarse las vías legales para retener la propiedad del inmueble.

Este desalojo no es fortuito, sino la consecuencia directa de un complejo entramado judicial que ha culminado con la titularidad estatal del recinto. Mientras camiones y operarios trabajan en el desmontaje, surge un intenso debate sobre la naturaleza de los objetos que abandonan el edificio: desde muebles de época hasta elementos de alto valor ornamental que, según el criterio jurídico actual, no forman parte de la estructura protegida por el Estado.

Las claves jurídicas que motivaron el desalojo

La salida de los camiones de mudanza es el epílogo de una sentencia contundente dictada por el Tribunal Supremo. El alto tribunal ratificó que el Pazo de Meirás nunca debió considerarse una propiedad privada de los Franco, argumentando que desde el año 1938 la finca estuvo vinculada estrictamente al servicio de la Jefatura del Estado. Este matiz es fundamental, ya que anula cualquier pretensión de posesión por usucapión o paso del tiempo.

  • Uso institucional: La justicia determinó que el mantenimiento y la gestión del pazo corrieron a cargo del erario público durante el franquismo.
  • Plazos legales: Se desestimó la idea de que los herederos hubieran poseído el bien como dueños legítimos durante los 30 años necesarios para adquirir la propiedad de forma automática.
  • Bienes no reclamados: El lote actual de 400 piezas corresponde a objetos que el Estado no incluyó en su demanda inicial de titularidad pública.

Controversia y denuncias de negligencia en la protección del patrimonio

A pesar de la legalidad del traslado, las voces críticas no se han hecho esperar. Diversas asociaciones civiles, encabezadas por la Comisión por la Recuperación da Memoria Histórica (CRMH), han calificado este proceso como un «expolio consentido». El malestar radica en la percepción de que el Gobierno central no fue lo suficientemente exhaustivo al reclamar ciertos muebles que poseen una vinculación histórica intrínseca con el pazo, más allá de su valor material.

La crítica también se extiende a la Xunta de Galicia, a la que se acusa de una vigilancia laxa durante las tareas de desmontaje. La instalación de andamios y el uso de maquinaria pesada para retirar elementos de las paredes han generado dudas sobre si se está alterando la integridad arquitectónica de un bien que goza de protección especial. La suspensión de las visitas públicas para facilitar estas labores ha sido la gota que ha colmado el vaso para los colectivos que exigen una transparencia total en la gestión del patrimonio.

Un futuro incierto para el contenido del Pazo

Con la salida de estas 400 piezas, el Pazo de Meirás inicia un proceso de reconfiguración. El vacío que dejan estos muebles plantea un reto para las administraciones: ¿cómo musealizar un espacio que ha perdido gran parte de su atrezo original? La gestión de la Memoria Democrática exige ahora un esfuerzo adicional para explicar la historia del edificio sin los elementos que formaron parte de la vida cotidiana del dictador en Galicia.

En definitiva, mientras los herederos completan la extracción de los bienes, la sociedad civil y las instituciones quedan a la espera de que se depuren responsabilidades sobre qué piezas deberían haber permanecido en el inventario público. Lo que es innegable es que Meirás ha dejado de ser un feudo familiar para convertirse, definitivamente, en un activo de todos los ciudadanos, aunque el camino para su recuperación total siga plagado de interrogantes sobre su legado material.