García-Gallardo acusa a Abascal de recibir un tercer sueldo

El panorama interno de Vox se enfrenta a una de sus tormentas más severas tras las recientes declaraciones de Juan García-Gallardo. El que fuera vicepresidente de Castilla y León ha decidido romper el hermetismo habitual de la formación para denunciar lo que considera un «secuestro» del partido por parte de intereses ajenos a la política, señalando directamente a una estructura de poder que opera en la sombra y que estaría beneficiándose de los recursos públicos obtenidos por la organización.

El entramado de los asesores: ¿Quién manda realmente en Vox?

Según el testimonio de García-Gallardo, la figura de Santiago Abascal como líder absoluto es más una apariencia que una realidad operativa. El exdirigente sostiene que las riendas estratégicas de la formación están en manos de figuras externas, concretamente de los asesores Kiko Méndez-Monasterio y Gabriel Ariza. Esta influencia no se limitaría al consejo político, sino que abarcaría la gestión directa de negociaciones con presidentes autonómicos y líderes internacionales.

La crítica principal reside en la creación de una «galaxia de sociedades mercantiles» que, en palabras del exvicepresidente, funcionan como un parapartido. Estas entidades serían las receptoras finales de grandes cantidades de dinero público, consolidando un modelo donde los beneficios se concentran en un círculo muy estrecho de personas vinculadas a las familias de los citados asesores, alejándose del control de la base de afiliados.

La polémica del ‘tercer sueldo’ y el papel de Lidia Bedman

Uno de los puntos más controvertidos de la denuncia afecta directamente a la economía personal de Santiago Abascal. García-Gallardo ha puesto el foco en una serie de pagos que ascenderían a 60.000 euros, canalizados a través de una empresa vinculada a la mujer de Abascal, Lidia Bedman. Bajo el concepto de consultoría en redes sociales, estos fondos provendrían de un proveedor habitual del partido.

Para el exdirigente, este esquema representa un «tercer sueldo» encubierto para el líder de la formación, destacando que la sociedad mercantil utilizada para estos cobros se encuentra en una situación financiera crítica. Esta revelación cuestiona la ética financiera del partido, especialmente cuando se ha hecho bandera de la austeridad y la transparencia en el uso de los fondos de la organización.

Fundación Disenso: ¿Motor ideológico o agencia de colocación?

La Fundación Disenso, el brazo intelectual de Vox, tampoco ha quedado al margen de las acusaciones. Aunque García-Gallardo reconoce su valor como herramienta de batalla cultural, lamenta que se haya convertido en un refugio para el nepotismo. En su análisis, la fundación sirve actualmente como una estructura para situar a familiares y allegados de los asesores estrella del partido.

  • Uso de fondos para el mantenimiento de redes familiares.
  • Opacidad en la contratación de personal estratégico.
  • Concentración de poder en manos de las familias Ariza y Méndez-Monasterio.

Esta dinámica de enriquecimiento personal a través de la política es, según Gallardo, una de las razones fundamentales de su distanciamiento actual. Sostiene que Vox, a pesar de actuar internamente como una entidad privada, tiene una responsabilidad pública y moral hacia sus seguidores y los recursos que gestiona.

Distanciamiento de nuevos proyectos alternativos

Pese a la contundencia de sus palabras y la sintonía personal que mantiene con otros críticos como Iván Espinosa de los Monteros, Juan García-Gallardo ha querido dejar claro que no tiene intención de participar en proyectos alternativos de forma inmediata. Aunque Espinosa de los Monteros aboga por un congreso extraordinario que renueve la formación, Gallardo se mantiene al margen de esta iniciativa por el momento.

La conclusión de este enfrentamiento interno deja a Vox en una situación de vulnerabilidad reputacional. La acusación de que su líder está «secuestrado» por intereses mercantiles externos podría marcar un punto de inflexión en la confianza del electorado y en la cohesión interna de un partido que ahora debe responder a estas graves afirmaciones sobre su gestión financiera y su estructura de mando.