Piden que García Ortiz declare por las visitas de Leire Díez

La cúpula de la Fiscalía General del Estado se enfrenta a un nuevo desafío procesal que pone en entredicho la transparencia de sus protocolos institucionales. En el marco del denominado caso Leire, la acusación popular ha formalizado una petición ante la Audiencia Nacional para que el ex fiscal general, Álvaro García Ortiz, comparezca en calidad de testigo. El objetivo principal es desgranar la naturaleza de los encuentros mantenidos entre miembros de la Secretaría Técnica y figuras clave vinculadas al entorno del PSOE.

Un vacío en el registro: La opacidad de las visitas en Fortuny

Uno de los puntos más críticos que destaca el escrito remitido al magistrado Santiago Pedraz es la aparente inexistencia de un control formal de entradas y salidas en la sede de la Fiscalía. Según la acusación, esta carencia de registros oficiales no solo dificulta la verificación de las reuniones, sino que genera una «laguna probatoria» sobre quiénes accedieron realmente al edificio y bajo qué pretextos.

Para intentar reconstruir este rompecabezas, se ha solicitado la declaración de perfiles estratégicos dentro de la institución:

  • Diego Villafañe y Beatriz López Pesquera: Fiscales que participaron directamente en los encuentros con la representación socialista.
  • Ana Isabel García León: Quien fuera la mano derecha de García Ortiz en el momento de los hechos.
  • El responsable de seguridad: Cuya comparecencia busca suplir la falta de registros documentales con testimonios sobre el tránsito de personas en la calle Fortuny.

Las reuniones con la operadora política Leire Díez

El núcleo de la controversia reside en las citas que tuvieron lugar entre abril de 2024 y junio de 2025. En ellas participaron Leire Díez, señalada como una pieza operativa del socialismo, y el letrado Jacobo Teijelo, vinculado a la defensa de Santos Cerdán. Aunque la versión oficial del Ministerio Público sostiene que García Ortiz fue informado a posteriori y que los fiscales actuaron sin directrices previas, la acusación sospecha de una coordinación de mayor nivel.

Resulta especialmente llamativo que, tras estas reuniones donde se expusieron hechos con potencial relevancia penal, no se iniciara ninguna acción judicial concreta. Los fiscales intervinientes habrían restado valor probatorio a las acusaciones vertidas por Teijelo, lo que llevó al archivo interno de los asuntos tratados sin dejar una huella administrativa clara en los archivos de la Secretaría Técnica.

Mensajes interceptados: ¿Acceso directo al Fiscal General?

La investigación se nutre también de los hallazgos de la Unidad Central Operativa (UCO). Los agentes de la Guardia Civil localizaron comunicaciones donde Leire Díez presumía de tener «vía libre» para contactar con la máxima autoridad de la Fiscalía. Mensajes que sugerían citas directas con el Fiscal General del Estado o promesas de influir en el ánimo del presidente del Gobierno mediante gestiones en el Ministerio Público han encendido las alarmas sobre un posible uso partidista de la institución.

El tribunal busca ahora determinar si existieron instrucciones jerárquicas o si la cúpula de la Fiscalía permitió que se estableciera un canal de comunicación paralelo con imputados y abogados de la trama. La declaración de García Ortiz se considera «imprescindible» para contrastar si la versión institucional ofrecida hasta ahora guarda coherencia con la realidad de lo sucedido en los despachos más altos del organismo.

Hacia una depuración de responsabilidades en la cúpula fiscal

El caso Leire ha dejado de ser una investigación sobre denuncias aisladas para convertirse en un examen sobre la ética y la gestión administrativa de la Fiscalía. La petición de la acusación no busca solo señalar a los ejecutores materiales de las reuniones, sino entender el criterio que permitió que contactos de tal calibre político no quedaran debidamente fiscalizados.

En definitiva, la comparecencia de los testigos solicitados, incluido el jefe de seguridad, pretende arrojar luz sobre un periodo donde la frontera entre la acción institucional y los intereses de partido parece haberse desdibujado. El juez Pedraz deberá decidir ahora si estas diligencias son la clave para resolver si la Fiscalía General fue utilizada como una herramienta de contención judicial o si, por el contrario, se cumplieron escrupulosamente los protocolos legales.