El resurgir de los ‘Tres Leones’ en el coloso de Santa Úrsula
El fútbol tiene una memoria caprichosa, y para Inglaterra, el Estadio Azteca era sinónimo de heridas abiertas. Sin embargo, en los octavos de final del Mundial 2026, el equipo dirigido por Thomas Tuchel logró transformar ese trauma histórico en una victoria épica por 2-3 ante México. En un escenario que rugía a favor del anfitrión, los europeos demostraron una madurez competitiva que les permite inscribir su nombre en la ronda de los ocho mejores, donde ya les espera una sorprendente Noruega.
La atmósfera previa, cargada de electricidad por la amenaza de tormenta y un himno nacional mexicano que estremeció los cimientos del estadio, presagiaba una noche difícil para los visitantes. A pesar de la presión asfixiante planteada por Javier Aguirre, Inglaterra supo navegar la tempestad emocional y golpear en los momentos de mayor vulnerabilidad del equipo azteca.
La ráfaga de Jude Bellingham que cambió el guion
Durante los primeros compases, el combinado tricolor controló el ritmo con un Gilberto Mora atrevido y un bloque medio que dificultaba la salida inglesa. Raúl Jiménez estuvo cerca de abrir la lata con un testarazo que exigió lo mejor de Jordan Pickford. No obstante, el fútbol de élite se decide por detalles y contundencia, dos áreas donde Jude Bellingham dictó cátedra en apenas ciento veinte segundos.
- Primer impacto: Un desajuste defensivo en el repliegue mexicano permitió a Saka enviar un centro preciso que Bellingham remató de cabeza al fondo de las mallas.
- El golpe de gracia: Sin tiempo para que México procesara el 0-1, Inglaterra recuperó tras el saque de centro y volvió a castigar mediante el mediocampista del Real Madrid, silenciando a más de 80.000 espectadores.
Resiliencia británica ante la adversidad táctica
Lejos de rendirse, el equipo de Aguirre reaccionó con orgullo. Julián Quiñones recortó distancias antes del descanso, aprovechando un balón suelto en el área para encender nuevamente la esperanza local. La segunda mitad subió de revoluciones cuando el VAR intervino para expulsar a Jarell Quansah por una entrada temeraria, dejando a los ingleses con un hombre menos durante más de media hora de juego.
Fue en ese momento de crisis donde emergió la figura de Harry Kane. El capitán inglés no solo trabajó en labores de sacrificio, sino que fue el encargado de ampliar la ventaja desde el punto de penalti tras una incursión de Anthony Gordon. Con el 1-3, Tuchel reajustó su esquema introduciendo a Stones y Spence para levantar una muralla infranqueable frente a la portería de Pickford.
Un final agónico y el adiós del anfitrión
México quemó todas sus naves en el tramo final. Un penalti cometido por el propio Kane permitió a Raúl Jiménez poner el 2-3 definitivo, desatando un asedio total sobre el área europea durante los doce minutos de tiempo añadido. A pesar de los constantes centros y la insistencia del ‘Tri’, la defensa de Inglaterra mantuvo la compostura, gestionando la inferioridad numérica con una disciplina táctica impecable.
Esta victoria supone un punto de inflexión para los ‘Tres Leones’. No solo eliminan a uno de los organizadores del torneo en su propio feudo, sino que exorcizan los fantasmas de 1970 y 1986. Para México, la derrota significa otra dolorosa caída en la barrera de octavos, a pesar de haber mostrado un nivel competitivo que puso en aprietos a una de las favoritas al título. El camino a la gloria continúa para Inglaterra, que ahora deberá medir sus fuerzas ante la potencia física de la Noruega de Erling Haaland.
