Investigan a tres funcionarios por las muertes en El Bocal

El sistema judicial español ha dado un paso decisivo en la depuración de responsabilidades por la tragedia de la pasarela de El Bocal, en Santander. La magistrada encargada del caso ha decidido ampliar la investigación penal, situando bajo el foco a tres altos cargos de la Demarcación de Costas en Cantabria. Este giro procesal responde a los indicios de una negligencia grave en la supervisión de una infraestructura que, según los informes técnicos, colapsó debido a un deterioro que pudo haberse evitado con inspecciones básicas.

La figura del garante en la seguridad de infraestructuras públicas

El núcleo de la acusación judicial se centra en la denominada posición de garante. La jueza sostiene que los tres funcionarios imputados tenían la obligación legal y técnica de velar por la integridad estructural del puente. Al no promover las labores de mantenimiento necesarias desde su inauguración en 2014, habrían incurrido en una omisión de sus funciones que desembocó en el fatal accidente del pasado mes de marzo.

La investigación apunta ahora a tres perfiles clave dentro del departamento de Costas:

  • El antiguo jefe de Servicio de Proyectos y Obras, recientemente jubilado, cuya responsabilidad abarca casi toda la vida útil de la pasarela.
  • Su sucesor actual en el cargo, quien heredó la gestión de la infraestructura hasta el momento del colapso.
  • El jefe de la Demarcación de Costas, responsable último de la dirección de las obras de la senda costera santanderina.

Deficiencias técnicas: corrosión y materiales inadecuados

Los peritajes judiciales han sido demoledores al analizar las causas físicas del derrumbe. El informe técnico independiente señala que el fallo estructural se originó en los herrajes de las vigas de apoyo. Estas piezas metálicas sufrieron un proceso de corrosión acelerada debido a su exposición constante al ambiente marino, un entorno extremadamente agresivo para materiales que no cuenten con el tratamiento o la calidad necesaria.

La resolución judicial destaca que la pasarela permaneció abierta al uso público sin ninguna restricción ni plan de mantenimiento específico durante casi una década. A pesar de que se realizaron algunas intervenciones menores en la madera, los elementos críticos de acero que sostenían el peso de la estructura fueron ignorados, lo que permitió que un deterioro progresivo e invisible a ojos inexpertos terminara en una rotura súbita.

Cargos penales y próximos pasos en los tribunales

La gravedad de los hechos ha llevado a la magistrada a tipificar provisionalmente las actuaciones como seis delitos de homicidio por imprudencia grave y un delito de lesiones de la misma naturaleza. Esta calificación responde a la muerte de los seis jóvenes procedentes de diversas provincias españolas y a las heridas sufridas por la única superviviente del grupo.

De cara a las próximas semanas, el calendario judicial se presenta intenso:

  • Examen forense: La superviviente será evaluada por médicos del tribunal para determinar el alcance definitivo de sus secuelas.
  • Inspección ocular: Se ha autorizado a los peritos de todas las partes a tomar muestras directamente en el lugar del siniestro para profundizar en el análisis de los materiales.
  • Declaraciones clave: El 15 de mayo será una fecha crítica, con la comparecencia de los tres funcionarios investigados y la exposición de las pruebas periciales conjuntas.

Alertas previas y gestión de emergencias

Otro ángulo de la investigación que cobra fuerza es la gestión de los avisos ciudadanos. Se ha solicitado a la Policía Local de Santander que desglose las llamadas recibidas el día previo al colapso. Consta que un vecino alertó al 112 sobre el estado sospechoso de la pasarela, y la justicia busca ahora esclarecer por qué no se procedió al cierre preventivo de la infraestructura tras recibir dicha advertencia.

Mientras tanto, la jueza ha decidido mantener al ingeniero redactor del proyecto original en calidad de testigo-perito, rechazando la petición municipal de imputarlo. Según el auto, su responsabilidad se limitaba a un anexo técnico que fue validado y supervisado por la dirección de obra de la administración, sobre quien recae ahora la carga de la vigilancia estructural.

Un precedente para la seguridad costera

El caso de El Bocal sienta un precedente significativo sobre la responsabilidad civil y penal de los funcionarios públicos en el mantenimiento de espacios de ocio. La omisión de inspecciones periódicas en entornos de alta salinidad ya no se percibe solo como un fallo administrativo, sino como una posible imprudencia agravada cuando pone en riesgo la vida de los ciudadanos.