Marlaska reformará la Ley de Memoria por García Caparrós

La búsqueda de justicia para la familia de Manuel José García Caparrós, el joven malagueño que perdió la vida durante las históricas movilizaciones por la autonomía andaluza en 1977, ha dado un giro legislativo inesperado. El Ministerio del Interior, liderado por Fernando Grande-Marlaska, ha admitido abiertamente que el marco normativo actual presenta una laguna que impide el reconocimiento oficial del sindicalista como víctima de terrorismo o represión, instando a las fuerzas políticas a una modificación inmediata de la Ley de Memoria Democrática.

El laberinto jurídico que bloquea la reparación histórica

A pesar de que los hechos ocurridos en diciembre de 1977 son calificados por el propio Gobierno como «execrables», la realidad administrativa es compleja. La negativa de la Dirección General de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo a incluir a García Caparrós en su registro se basa en una distinción técnica fundamental: la Ley 29/2011 exige que el daño sea provocado por grupos armados que atenten contra los valores democráticos.

En el caso del joven malagueño, el disparo mortal provino de la antigua Policía Armada, lo que sitúa el suceso bajo la responsabilidad del Estado y no de una organización terrorista de extrema derecha o izquierda. Esta diferencia técnica es la que marca la distancia con otros casos similares, como el de Vicente Cuervo, quien sí obtuvo dicho estatus al ser asesinado por un grupo terrorista en 1980.

La involución entre la Ley de 2007 y la de 2022

Uno de los puntos más controvertidos analizados por el Ministerio es la pérdida de derechos que supuso la transición entre las diferentes normativas de memoria en España. Paradójicamente, la antigua Ley de Memoria Histórica de 2007 contenía un mecanismo (su artículo 10) que permitía indemnizar y reconocer a quienes fallecieron en defensa de la democracia entre 1968 y finales de 1977.

  • El artículo 10 de la ley de Zapatero ofrecía una cobertura directa para incidentes de represión policial en la Transición.
  • La actual Ley de Memoria Democrática de 2022 derogó dicho artículo sin prever una alternativa para casos que no habían sido reclamados previamente.
  • Este vacío legal deja a figuras clave de la transición andaluza en un limbo administrativo sin precedentes.

Hacia una reforma legislativa de urgencia

La solución planteada por Interior no pasa por una interpretación creativa de las normas vigentes, sino por una reforma urgente en el Congreso de los Diputados. Grande-Marlaska ha señalado que la vía más efectiva para devolver la dignidad legal a García Caparrós es recuperar el espíritu del derogado artículo 10 e integrarlo en la ley de 2022.

Esta propuesta traslada la pelota al tejado de los grupos parlamentarios. Para el Ejecutivo, modificar la ley es un imperativo moral que permitiría reconocer que el compromiso de las Fuerzas y Cuerpo de Seguridad del Estado debe ser siempre la protección del ciudadano, asumiendo las responsabilidades cuando esa premisa se quebrantó en el pasado.

Un símbolo de la Transición pendiente de justicia

La figura de García Caparrós no es solo un nombre en un expediente judicial; es un símbolo de las aspiraciones de autonomía y libertad en el sur de España. La admisión de que las herramientas actuales son insuficientes subraya la necesidad de que la Memoria Democrática no sea un concepto estático, sino una estructura capaz de adaptarse para reparar injusticias que el tiempo no ha logrado borrar.

La familia del sindicalista, que ha mantenido una lucha incansable durante décadas, ve ahora una ventana de oportunidad política. Sin embargo, esta dependerá exclusivamente del consenso en las Cortes para tramitar una modificación que evite que el sacrificio de García Caparrós quede archivado en la burocracia institucional por un error de forma en la redacción de las leyes actuales.