Muere Josep Maria Triginer, figura clave y fundador del PSC

La política catalana y el socialismo español despiden a una de sus figuras más discretas pero determinantes. El fallecimiento de Josep Maria Triginer a los 82 años de edad marca el fin de una era para quienes diseñaron los cimientos de la convivencia democrática en España. Más allá de su papel como fundador del PSC, Triginer fue un hombre de consenso que supo transitar desde la clandestinidad antifranquista hasta las más altas esferas legislativas del Estado.

Arquitecto de la unidad socialista y la Transición

La trayectoria de Triginer no puede entenderse sin su capacidad de organización. Nacido en Agramunt en 1943, su compromiso político germinó en un entorno hostil. En 1962, mientras el régimen dictatorial aún ejercía un control férreo, se incorporó a las Juventudes Socialistas. Esta precocidad activista le permitió ser el motor de la reconstrucción de la Federación Catalana del PSOE, paso previo e indispensable para la posterior configuración del mapa político catalán actual.

Su visión trascendía las siglas. Fue una de las mentes maestras detrás de la creación del Partit dels Socialistes de Catalunya en 1978, entendiendo que la fuerza del socialismo en el territorio dependía de una unión sólida y coherente entre las diferentes corrientes de la época. Su labor no se limitó a la gestión interna, sino que se proyectó hacia la estabilización de España mediante hitos históricos:

  • Representación directa en la firma de los Pactos de la Moncloa, garantizando la estabilidad económica y política del país.
  • Participación activa en la comisión del Congreso que dio forma al Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1979.
  • Labor legislativa ininterrumpida como diputado en el Congreso desde las primeras elecciones de 1977 hasta finales de los años 80.

El puente con el exilio y la recuperación institucional

Uno de los capítulos más fascinantes de su carrera fue su papel como mediador. Triginer formó parte de la delegación parlamentaria que entabló diálogos directos con el presidente Josep Tarradellas durante su exilio. Estas conversaciones fueron el preludio del restablecimiento de la Generalitat Provisional, un acto de audacia política que permitió una transición fluida hacia el autogobierno.

Ese compromiso institucional le llevó a ocupar el cargo de conseller de la Generalitat en la etapa provisional previa a 1980. Su vocación de servicio público también se extendió al ámbito de la comunicación, desempeñando funciones como consejero en la actual Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals, donde defendió la importancia de unos medios públicos robustos y democráticos.

Un legado de justicia social y coherencia política

La noticia de su partida ha generado una oleada de respeto transversal. Salvador Illa, actual presidente de la Generalitat, ha destacado que la figura de Triginer es un espejo donde debe mirarse el socialismo contemporáneo. Su vida no fue solo una sucesión de cargos públicos —incluyendo su etapa como senador entre 1989 y 1993—, sino un testimonio de fidelidad a unos ideales de justicia y libertad.

En un contexto político a menudo fragmentado, el ejemplo de Josep Maria Triginer recordará siempre la importancia del diálogo institucional y la capacidad de poner el interés general por encima de las estrategias partidistas a corto plazo. Su legado permanece en las instituciones que ayudó a crear y en la estructura de un partido que hoy llora a uno de sus padres fundadores.