El tiempo suele ser el juez más implacable en el fútbol, pero también el que mejor premia a quienes poseen una visión privilegiada. La reciente exhibición de Azzedine Ounahi con la selección de Marruecos no es solo una noticia deportiva de impacto; es la confirmación de una profecía que Luis Enrique Martínez lanzó al mundo durante el Mundial de Catar. Aquel «número ocho» que sorprendió al técnico asturiano ha dejado de ser una promesa para convertirse en la brújula de un equipo que vuelve a soñar con la gloria internacional.
El recital ante Canadá: Ounahi se viste de líder
En un escenario de máxima presión, frente a la selección anfitriona, Azzedine Ounahi asumió los galones de mando para certificar el pase de los «Leones del Atlas» a los cuartos de final. El centrocampista no solo gestionó el ritmo del juego, sino que fue determinante en el área rival con un doblete histórico. El primer tanto nació de la pizarra, culminando una jugada ensayada tras un saque de esquina que descolocó a la zaga canadiense.
Sin embargo, fue en el tramo final del encuentro cuando el futbolista del Girona demostró su verdadera categoría. En una transición eléctrica liderada por Brahim Díaz, Ounahi acompañó la jugada con inteligencia para recibir en la frontal y definir con un golpeo seco y preciso que supuso el 0-2 definitivo. Esta victoria ante Canadá redondea un torneo impecable para los marroquíes, que ya venían de firmar una fase de grupos invicta superando a rivales de la talla de Escocia y empatando con potencias como Brasil.
La reivindicación del ojo clínico de Luis Enrique
Es imposible analizar el éxito actual de Ounahi sin recordar las palabras de Luis Enrique tras la eliminación de España en 2022. Mientras la crítica se centraba en el fracaso de la Roja, el entonces seleccionador puso el foco en el talento diferencial del marroquí. El técnico asturiano, ahora en el PSG, siempre ha destacado por detectar perfiles antes de que estallen en la élite, como ya hizo con figuras como Pedri, Dani Olmo o Rodrigo Hernández.
Hoy, el rendimiento de Ounahi da validez a esa «semilla» de análisis que Luis Enrique sembró. No se trataba de un destello momentáneo en Catar, sino de una capacidad técnica y física que el jugador ha sabido madurar. La insistencia del entrenador en valorar el talento por encima de los nombres mediáticos encuentra en el centrocampista marroquí su mejor ejemplo de validación externa.
El dilema del mercado: ¿Qué futuro le espera en el Girona?
A pesar de su brillo internacional, la situación de Ounahi a nivel de clubes atraviesa un momento de incertidumbre. Su pertenencia al Girona, tras el traumático descenso del conjunto catalán a Segunda División, plantea un escenario complejo. Un futbolista de su calado difícilmente encajará en la categoría de plata, y las ofertas de equipos de la Primera División española ya han empezado a llamar a su puerta.
- Interés nacional: Varios clubes de la zona alta de la tabla ven en él al motor ideal para su medular.
- Estrategia de espera: El jugador ha decidido postergar cualquier negociación hasta que finalice su participación en el torneo.
- Revalorización: Cada partido con Marruecos incrementa su valor de mercado, dificultando una salida a bajo coste para el club gerundense.
El reto de Francia y el legado de una generación dorada
Marruecos ya no es la cenicienta que sorprende por azar. Tras alcanzar las semifinales en el último Mundial, el equipo tiene ahora el reto de superar a Francia para igualar aquella gesta. El camino no ha sido sencillo: han tenido que dejar en la cuneta a selecciones como Países Bajos en una agónica tanda de penaltis, demostrando una madurez competitiva impropia de otros tiempos.
En conclusión, el crecimiento de Azzedine Ounahi simboliza el triunfo de la paciencia y el análisis técnico sobre el ruido mediático. Mientras el mundo del fútbol se rinde ante su capacidad goleadora y asociativa, queda claro que aquel «muchacho» que sorprendió a Luis Enrique en los pasillos de un estadio en Doha estaba destinado a ser uno de los grandes protagonistas del fútbol moderno.
