Peramato pide confianza en la Fiscalía ante el Senado

Hacia una restauración de la credibilidad institucional en la Fiscalía

La comparecencia de Teresa Peramato en la Cámara Alta no ha sido un trámite administrativo ordinario, sino una defensa cerrada de la integridad del Ministerio Fiscal. En un contexto marcado por la polarización política, la fiscal general ha subrayado la urgencia de reconstruir los puentes de confianza, tanto para los integrantes de la carrera fiscal como para la ciudadanía. Su intervención ante la Comisión de Justicia, impulsada por la mayoría del Partido Popular, ha servido para desgranar una estrategia basada en la cohesión y el respeto estricto a la legalidad vigente.

El concepto de «sanar heridas»: Un diagnóstico institucional

Uno de los puntos de mayor fricción durante la sesión fue la explicación sobre su intención de «sanar heridas» dentro de la institución. Peramato ha aclarado que esta expresión no debe interpretarse como una crítica política, sino como un compromiso ético para recuperar la armonía interna tras periodos de alta tensión. Según su testimonio, la dimisión de su predecesor, Álvaro García Ortiz, generó un escenario complejo que requería un liderazgo centrado en la lealtad institucional y el trabajo colaborativo.

Para la fiscal, fortalecer la imagen de la Fiscalía implica evitar interpretaciones descontextualizadas de su gestión. Su objetivo principal es garantizar que los criterios jurídicos se apliquen de forma uniforme, clara y, sobre todo, explicada con transparencia ante los órganos competentes y la sociedad civil.

Meritocracia y transparencia en la política de nombramientos

Frente a las dudas planteadas por la oposición sobre la discrecionalidad en la designación de cargos, Peramato ha sido tajante al defender un modelo de gestión basado en la idoneidad técnica. La estructura de la Fiscalía, según sus palabras, debe alejarse de cualquier sospecha de favoritismo para centrarse exclusivamente en:

  • La valoración objetiva del mérito y la capacidad de los candidatos.
  • La adecuación específica de cada perfil al puesto de responsabilidad asignado.
  • La consolidación de una jerarquía que responda únicamente al imperio de la ley.

Este enfoque pretende blindar la autonomía del organismo frente a presiones externas, asegurando que cada ascenso o designación sea el resultado de un análisis riguroso y fundamentado en la excelencia profesional.

Límites institucionales y el rechazo al papel de «opinadora»

Peramato también ha querido marcar una línea roja clara sobre las funciones que corresponden a la máxima autoridad del Ministerio Público. Ha rechazado de plano la posibilidad de actuar como comentarista de las decisiones tomadas por el Poder Judicial, argumentando que tal comportamiento erosionaría los principios de objetividad e imparcialidad.

Según la fiscal, interferir mediáticamente en procesos abiertos o valorar sentencias desde una posición política desdibujaría el rol constitucional de la Fiscalía, que debe centrarse en promover la acción de la justicia en defensa del interés público y los derechos ciudadanos.

Análisis del caso García Ortiz y el rigor procedimental

En relación a las investigaciones que afectaron al anterior fiscal general, Peramato ha defendido que la actuación institucional ha sido impecable y conforme a los preceptos de la Constitución Española. Ha asegurado que bajo su mando no se han producido variaciones en la línea jurídica adoptada, lo que demuestra que la institución se mueve por criterios técnicos y no por voluntades individuales o intereses partidistas.

Al concluir su intervención, ha reiterado que la independencia judicial y la seguridad jurídica son los pilares que deben guiar el futuro de la Fiscalía para recuperar el prestigio perdido en los últimos años debido a las controversias mediáticas. La clave, según Peramato, reside en una gestión técnica, silenciosa y profundamente respetuosa con el marco legal.