La seguridad nacional no puede entenderse como un compartimento estanco, sino como el cimiento sobre el cual se construye la prosperidad de un país. En el marco del foro ‘BCN! Desperta’, el teniente general Raimundo Rodríguez, máximo responsable de la Inspección General del Ejército (IGE), ha puesto el foco en una necesidad imperativa: consolidar el arraigo social de la defensa como motor de bienestar y desarrollo económico en la España contemporánea.
Hacia un nuevo paradigma de seguridad y resiliencia en la OTAN
El escenario internacional ha mutado drásticamente, obligando a las alianzas internacionales a replantear sus estrategias. Rodríguez señala que la amenaza rusa ha devuelto a la OTAN a un escenario de confrontación a gran escala, superando la complejidad vivida durante la Guerra Fría. Este nuevo contexto se ve agravado por un cambio en las prioridades de Estados Unidos, cuya conexión atlántica parece haber perdido la exclusividad de antaño.
Ante este panorama, surge el concepto de resiliencia civil. No se trata solo de capacidad militar, sino de preparar a la sociedad para absorber impactos y crisis imprevistas. La defensa colectiva y la disuasión ahora dependen directamente de cómo la ciudadanía interpreta y reacciona ante las noticias de alto impacto y las crisis globales.
El contrato social y la legitimidad del uso de la fuerza
Uno de los puntos más analíticos tratados por el jefe de la IGE es la actualización del contrato social. Históricamente, el ciudadano ha delegado en el Estado el uso legítimo de la fuerza a cambio de protección. Sin embargo, Rodríguez aboga por ir un paso más allá: el ciudadano no solo debe pagar impuestos, sino proporcionar una legitimidad social activa y consciente.
- Seguridad y economía: La inversión en defensa genera un retorno tangible en forma de innovación tecnológica y autonomía estratégica.
- Bienestar social: Un entorno seguro es la base mínima para que existan el empleo, la industria y el desarrollo de los derechos civiles.
- Cultura de defensa: Fomentar la comprensión pública sobre por qué es necesario un ejército moderno y bien equipado.
Innovación bajo el prisma del concepto ‘MIRADO’
La modernización del Ejército no es solo una cuestión de adquirir nuevos gadgets tecnológicos, sino de una transformación integral. Bajo el acrónimo MIRADO, el coronel Alejandro Rubiella y otros mandos de la IGE definen los pilares de la innovación militar actual. Este sistema analiza siete dimensiones críticas para garantizar la superioridad en el campo de batalla y la eficiencia administrativa.
El concepto abarca desde el material y las infraestructuras hasta el adiestramiento y la interoperabilidad con otros ejércitos aliados. Como bien se enfatizó durante el debate, en el arte de la guerra y la seguridad, la falta de innovación es sinónimo de derrota. Por ello, la transformación digital de los procesos y la evolución del liderazgo son hoy prioridades absolutas en la agenda del Ejército de Tierra.
Infraestructuras del siglo XXI: El reto de la modernización
Haciendo un paralelismo con las preocupaciones civiles sobre el acceso a la vivienda, el general de brigada Juan José González Laá destacó que, para el estamento militar, el gran desafío reside en la renovación de sus infraestructuras. Muchas de las instalaciones actuales arrastran décadas de antigüedad y requieren una evolución urgente para adaptarse a los estándares del siglo XXI.
Esta renovación no solo busca mejorar la operatividad, sino también alinearse con criterios de sostenibilidad y eficiencia que demanda la sociedad moderna. La autonomía estratégica de España pasa, inevitablemente, por tener bases y centros de mando que permitan una respuesta rápida y eficaz ante cualquier contingencia, integrando a la industria tecnológica nacional en cada paso de esta evolución.
Conclusión: Una defensa integrada en el tejido civil
En definitiva, el mensaje de la cúpula de la IGE es claro: la defensa no es un gasto, sino una oportunidad de retorno económico y social. Fortalecer el vínculo entre los militares y la población civil es la única vía para garantizar que España pueda navegar con éxito en un orden mundial cada vez más incierto y competitivo. La legitimidad social es, hoy más que nunca, el activo más valioso de nuestras Fuerzas Armadas.
