La reciente participación de Mariano Rajoy en el foro La Toja, celebrado en Lisboa, ha dejado una advertencia geopolítica de primer nivel. El exjefe del Ejecutivo español ha manifestado su profunda preocupación por la dirección que está tomando la política exterior de España, calificando de «error de extrema gravedad» el intento de Pedro Sánchez de estrechar lazos con el régimen de Pekín. Para Rajoy, no se trata de una simple cuestión comercial, sino de un posicionamiento ideológico que compromete los valores fundamentales de la Unión Europea.
China: El paso de socio comercial a rival sistémico
Durante su intervención, el expresidente desgranó los motivos por los que considera que la relación actual con el gigante asiático es asimétrica y peligrosa. Rajoy subrayó que, si bien el comercio es inevitable, es imperativo reconocer que China actúa como un rival que coacciona a los Estados miembros en su acceso a materias primas críticas. La balanza comercial es el reflejo de esta debilidad: España apenas exporta el 2% a dicho mercado, mientras que China se consolida como el segundo proveedor global del país.
El análisis de Rajoy fue más allá de los números, señalando tácticas de capitalismo de Estado agresivo. Denunció una estrategia de sobreproducción masiva y altamente subsidiada que inunda los mercados exteriores mediante prácticas de dumping, asfixiando la competitividad de las empresas europeas que operan en un marco de libre mercado sin las mismas ventajas estatales.
El eje de las autocracias y el tablero geopolítico
Uno de los puntos más críticos de la ponencia fue el papel de China como soporte de regímenes autoritarios. El exlíder del PP recordó que Pekín no oculta su respaldo a Rusia en el conflicto de Ucrania, ni su apoyo logístico y político a dictaduras en América Latina. «El sitio de España está con las democracias occidentales», sentenció, cuestionando cualquier acercamiento que pueda interpretarse como un aval a un sistema político que se aleja de los estándares de libertad europeos.
- Alianzas peligrosas: La sintonía entre Pekín y Moscú busca desestabilizar el orden internacional.
- Soberanía estratégica: La necesidad de reducir la dependencia tecnológica y energética de actores hostiles.
- Defensa colectiva: La reivindicación de la OTAN como el único instrumento capaz de garantizar la seguridad frente a agresiones externas.
La perspectiva de la alianza atlántica frente a Trump
Ante la incertidumbre que genera el panorama político en Estados Unidos, Rajoy fue tajante: las relaciones internacionales no pueden basarse en coyunturas electorales. Aunque figuras como Donald Trump puedan generar tensiones en el seno de la Alianza Atlántica, el expresidente advirtió que «esta situación no es eterna» y que romper o debilitar los lazos con Washington por razones temporales sería un fallo estratégico histórico. La defensa europea, argumentó, debe ser robusta pero complementaria a la relación con los estadounidenses.
Desafíos estructurales: De la demografía a la innovación
En el mismo debate, el ex viceprimer ministro luso Paulo Portas coincidió en la necesidad de blindar a Europa frente a sus enemigos internos y externos. Portas aportó una visión complementaria sobre los retos que amenazan el futuro del continente:
En primer lugar, el invierno demográfico. Europa corre el riesgo de convertirse en un «continente muy viejo», con una media de edad que ya supera los 49 años, lo que exige pactos de Estado entre el centro-derecha y el centro-izquierda en materia de vivienda y migración. En segundo lugar, la pérdida de liderazgo en innovación, un campo donde Europa fue desplazada del podio en 2018, sumado a una brecha de productividad de 20 puntos respecto a EE. UU. que lastra el crecimiento económico.
Conclusión: Una voz única frente a la tempestad
El mensaje final de este encuentro en Lisboa fue una llamada a la determinación. Europa debe abandonar la ingenuidad diplomática y actuar con una sola voz si quiere evitar que Rusia y China rediseñen el mapa geopolítico a su medida. La resistencia en Ucrania no es solo una cuestión territorial, sino el frente de batalla por la supervivencia del modelo democrático. Como concluyeron los ponentes, ante la tempestad actual, la solución no es el aislamiento ni el acercamiento a regímenes autoritarios, sino el fortalecimiento de las alianzas históricas y la inversión en una autonomía estratégica real y coherente.
