Juez de la DANA niega nulidad pese a implicación de su marido

Controversia en la instrucción judicial por las inundaciones de Valencia

El proceso judicial que busca depurar responsabilidades tras la tragedia de la DANA en la Comunidad Valenciana atraviesa un momento de alta tensión institucional. La magistrada Nuria Ruiz Tobarra, encargada de dirigir la investigación, ha tomado una decisión firme frente a las crecientes dudas sobre la limpieza del procedimiento: rechazar de plano tanto la nulidad de las actuaciones como su propia recusación.

Esta determinación surge tras la denuncia interpuesta por el letrado Rubén Gisbert, quien representa a diversas familias damnificadas por la riada del pasado 29 de octubre de 2024. La base del conflicto reside en la presunta intrusión de Jorge Martínez Ribera, también magistrado y cónyuge de la instructora, en las diligencias del caso. Según la acusación, esta circunstancia dinamita los principios de independencia judicial e imparcialidad que deben regir una causa de tal sensibilidad social.

Las sombras sobre la intervención de Jorge Martínez Ribera

La acusación no se basa únicamente en sospechas, sino que aporta elementos que cuestionan la ortodoxia del proceso en la Ciudad de la Justicia de Valencia. Según los argumentos presentados por la representación de las víctimas, existen pruebas que señalarían una participación activa del marido de la juez en labores que competen exclusivamente a la titular del juzgado.

  • Presencia física del magistrado Martínez Ribera en sesiones de instrucción sin tener asignada la causa.
  • Formulación de preguntas directas a testigos y víctimas durante las declaraciones oficiales.
  • Intervención en la redacción de actas y resoluciones, sugiriendo o dictando pautas a los funcionarios de justicia.
  • Existencia de audios donde supuestamente se identifica la voz del cónyuge de la instructora dirigiendo interrogatorios clave.

A pesar de la gravedad de estos señalamientos, que incluyen chats de WhatsApp de los afectados corroborando estas anomalías, la magistrada Ruiz Tobarra ha optado por un contraataque dialéctico en su último auto. En lugar de desmentir taxativamente la presencia de su marido en las dependencias judiciales durante la instrucción, la juez cuestiona cuál es el perjuicio real que dicha situación habría provocado en el desarrollo de la causa.

El choque jurídico: Entre la indefensión y la estrategia procesal

La respuesta judicial ha sido inusualmente cruda en sus términos. Ruiz Tobarra atribuye las peticiones de nulidad a una supuesta frustración profesional del abogado de las víctimas, calificando sus escritos como un «torrente de descalificaciones». Para la instructora, la solicitud de Gisbert no busca el esclarecimiento de los hechos, sino la destrucción sistemática de todo lo avanzado hasta la fecha, incluyendo informes periciales y declaraciones de más de 500 implicados.

Desde la perspectiva de la magistrada, no se ha producido una situación de indefensión jurídica que justifique la anulación de lo actuado. Argumenta que el objetivo de la acusación es hacer «tabla rasa», una postura que considera irrespetuosa hacia el dolor de los familiares de los fallecidos. Además, señala contradicciones procesales en la parte demandante, instando al letrado a definir si su intención es dilatar la investigación o darla por concluida.

Implicaciones para la transparencia del caso DANA

El trasfondo de esta disputa pone de relieve la fragilidad de la confianza ciudadana en las instituciones cuando los vínculos familiares se entrelazan con la gestión de grandes catástrofes. Rubén Gisbert, tras conocer el auto, ha manifestado públicamente que la instructora incurre en un vicio procesal evidente al no negar la participación de su marido, limitándose a rechazar la recusación por una cuestión de plazos y formas.

Lo que hace apenas un año era una negativa rotunda ante denuncias similares, hoy parece haberse transformado en una defensa de la irrelevancia del hecho. Este giro en la narrativa judicial deja abierta una brecha de incertidumbre sobre la legitimidad de las futuras sentencias. Mientras la instrucción prosigue su curso, la sombra de la duda sobre la autoría real de las resoluciones judiciales sigue planeando sobre uno de los casos más trascendentales de la historia reciente de Valencia, donde la justicia no solo debe serlo, sino también parecerlo.