La política española atraviesa un momento de redefinición de bloques, y Gabriel Rufián ha decidido mover ficha con un manifiesto que trasciende la simple propaganda electoral. En su reciente obra, titulada Cómo ganar a los fachas, el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso no solo traza una hoja de ruta para frenar el avance de la derecha y la ultraderecha, sino que lanza un órdago directo a los pilares del Estado: la convocatoria de un referéndum sobre la monarquía.
El republicanismo como eje de la nueva hegemonía cultural
A diferencia de discursos anteriores centrados exclusivamente en la autodeterminación de Cataluña, Rufián propone ahora una agenda progresista que busca interpelar a las clases populares de todo el Estado. Su tesis principal reside en que, para vencer la influencia de PP y Vox, la izquierda debe abandonar la actitud defensiva y pasar a la ofensiva institucional. La pieza clave de esta estrategia es someter a votación la jefatura del Estado.
Para el líder republicano, el dilema monarquía o república no es un debate del pasado, sino una herramienta de higiene democrática que obligaría al PSOE a posicionarse. Rufián sostiene que la estabilidad territorial no se logra mediante la represión o el inmovilismo, sino permitiendo que la ciudadanía valide o transforme las estructuras de poder. En este sentido, plantea que si se alcanza un consenso para una consulta, nada debería impedir que existieran votaciones sucesivas sobre la forma de Estado.
La compleja relación con el PSOE y la sombra de la corrupción
El libro también funciona como una crónica descarnada de las bambalinas del poder en Madrid. Rufián no oculta su ambición de condicionar la gobernabilidad de España, pero advierte sobre los peligros de una alianza acrítica con los socialistas. El autor se muestra especialmente punzante al recordar su relación con José Luis Ábalos, señalando que la palabra del exministro era equivalente a la del propio Pedro Sánchez, lo que añade una carga de profundidad ante los escándalos judiciales que salpican a la antigua cúpula de Fomento.
Entre sus propuestas más innovadoras para regenerar la confianza pública, Rufián destaca la necesidad de establecer un estatuto para expresidentes. Esta medida surge de su decepción personal con figuras como José Luis Rodríguez Zapatero, a quien reconoce méritos históricos pero critica por sus actuales sombras éticas. Según el portavoz de ERC, el sistema actual permite que antiguos líderes se conviertan en figuras intocables que eluden el escrutinio público.
Fractura en el independentismo: Críticas demoledoras a Junts
Uno de los puntos más controvertidos de la obra es el análisis que hace Rufián sobre sus antiguos socios de gobierno en Cataluña. Define a Junts per Catalunya como una formación «tóxica» que ha perdido el norte político al priorizar la pureza ideológica sobre la eficacia legislativa. El político de ERC lamenta que los posconvergentes se alineen frecuentemente con la derecha española en el Congreso, votando en contra de medidas que beneficiarían a la ciudadanía catalana.
En un ejercicio de realismo político, Rufián admite una verdad incómoda para el movimiento secesionista:
- El independentismo no cuenta actualmente con la mayoría social suficiente para imponer una ruptura unilateral.
- Existe un riesgo real de que el discurso de Junts alimente el crecimiento de opciones de extrema derecha catalana como Aliança Catalana.
- La nostalgia por el liderazgo de Jordi Pujol contrasta, según Rufián, con la incapacidad de la actual dirección de Junts para confrontar los populismos de derecha dentro de Cataluña.
Conclusión: Un manual para la supervivencia política
En definitiva, Cómo ganar a los fachas es mucho más que un libro de memorias parlamentarias; es un intento de reconciliar el independentismo pragmático con la izquierda transformadora española. Rufián apuesta por una política de «barrio», consciente de que los derechos y libertades se defienden mejor desde la gestión pública y la democracia directa que desde el simbolismo estéril. Su propuesta de referéndum sobre la monarquía queda así como el gran desafío para una legislatura donde la supervivencia del bloque progresista dependerá de su capacidad para reformar un sistema que muchos ciudadanos sienten como agotado.
