Caso Saimir Sula: Albania investiga tráfico de órganos

Lo que comenzó como una tragedia médica en los días más oscuros de la pandemia en Barcelona se ha transformado en un conflicto diplomático y judicial de envergadura internacional. Mientras que los tribunales españoles decidieron dar carpetazo al asunto, la Fiscalía de Tirana se niega a cerrar el expediente. El eje de la controversia es el cuerpo de Saimir Sula, un ciudadano albanés que fue repatriado a su tierra natal sin su corazón, un órgano que seis años después sigue protagonizando un misterio forense sin resolver.

El choque judicial entre España y Albania

La divergencia entre ambos sistemas legales es absoluta. En España, la instrucción determinó que no existían indicios de criminalidad ni irregularidades en las maniobras de contención que precedieron al fallecimiento de Sula en el Hospital del Mar. Sin embargo, para las autoridades albanesas, la ausencia del corazón en el cadáver repatriado es una prueba de cargo suficiente para sostener una investigación activa por tráfico de órganos.

La justicia de Albania ha denunciado en reiteradas ocasiones la falta de cooperación por parte de las instituciones españolas. A pesar de haber emitido múltiples comisiones rogatorias solicitando pruebas fundamentales, como las grabaciones de seguridad del centro hospitalario y testimonios directos del personal de vigilancia, las respuestas han sido, a juicio de los investigadores balcánicos, insuficientes o evasivas. Esta opacidad ha alimentado la sospecha de que el colapso sanitario de 2020 pudo haber servido de cobertura para negligencias o delitos más graves.

El enigma del corazón preservado en formol

En un intento por cerrar la crisis, las autoridades españolas enviaron a Tirana en 2023 un órgano que presuntamente pertenecía al fallecido. No obstante, este envío, lejos de solucionar el problema, generó nuevas incógnitas técnicas y procedimentales:

  • Incompatibilidad de fechas: El órgano enviado está vinculado a un registro de defunción del 22 de abril de 2020, mientras que Saimir Sula falleció oficialmente el 9 de mayo del mismo año.
  • Degradación del material genético: El corazón fue enviado sumergido en formol, una sustancia que imposibilita la extracción de una prueba de ADN fiable, invalidando la identificación definitiva.
  • Ruptura de la trazabilidad: La defensa de la familia sostiene que se ha perdido la cadena de custodia, lo que impide garantizar que el órgano pertenezca realmente a la víctima.

Sombras sobre la actuación hospitalaria y forense

El caso de Sula no solo cuestiona los protocolos de repatriación, sino también los métodos de contención física aplicados en los hospitales durante la crisis del Covid-19. Aunque el centro sanitario defiende que se aplicó la fuerza mínima indispensable, la familia y sus abogados, liderados por Carlos Sardinero, insisten en que las heridas detectadas en la autopsia inicial y la agitación del paciente fueron factores determinantes en el desenlace fatal.

La discrepancia entre los informes forenses realizados en Barcelona, Tirana y Bruselas añade otra capa de complejidad. Mientras algunos análisis apuntan a patologías arteriales previas, otros estudios internacionales no encuentran rastro de dichas dolencias, lo que refuerza la tesis de que la muerte pudo ser evitable y que la posterior extracción del corazón no respondió a fines médicos legítimos.

Un callejón sin salida diplomático

Expertos en derecho internacional y periodistas de investigación en Albania sugieren que existe un temor latente en las instituciones españolas a que este caso siente un precedente. De reconocerse una irregularidad en la gestión del cadáver de Sula, se podría abrir la puerta a una oleada de reclamaciones por la gestión hospitalaria durante la pandemia.

Por su parte, el gobierno albanés se encuentra en una posición delicada. Mientras aspira a la integración en la Unión Europea y busca proyectar una imagen de independencia judicial, debe lidiar con la presión de una ciudadanía que exige justicia para sus migrantes. La falta de un equipo de investigación conjunto entre ambos países es vista desde Tirana como una falta de voluntad política por parte del Ejecutivo español.

La lucha incansable de la familia Sula

Para Majlinda Sula, hermana del fallecido, la batalla no es solo legal, sino moral. La exigencia de que se realice una comparación de ADN con las muestras que, por ley, deberían estar congeladas en el Instituto Nacional de Toxicología es el último recurso para obtener una verdad que les ha sido negada durante más de un lustro. La sospecha de un error administrativo en el etiquetado de los cuerpos es la explicación más benévola, pero el tráfico de órganos sigue siendo la sombra que planea sobre un expediente que se resiste a ser olvidado.

En conclusión, el caso de Saimir Sula es un recordatorio de las grietas que la emergencia sanitaria dejó en los protocolos de control y transparencia. El silencio de los testigos clave y la desaparición de pruebas audiovisuales dejan una herida abierta en la cooperación judicial europea, mientras un hombre permanece enterrado en Albania a la espera de recuperar su identidad completa.