Stella Duarte cobró 100.000 euros de la trama del fuel

Lo que parecía una vida de lujos convencionales escondía, según las investigaciones de la Guardia Civil, una estructura de gestión de efectivo meticulosa y opaca. Stella Duarte, esposa del cabecilla de la trama de los hidrocarburos, Claudio Rivas, no solo era una espectadora de los negocios de su marido, sino que los indicios apuntan a que desempeñaba un papel activo en la contabilidad del dinero b y en la disposición de fondos provenientes de un entramado societario diseñado para eludir controles.

El armero del efectivo: Contabilidad doméstica de alto riesgo

Uno de los hallazgos más reveladores de la UCO no proviene de complejos balances bancarios, sino de interceptaciones telefónicas que muestran la cotidianidad del manejo de grandes sumas de dinero en el domicilio conyugal. En las grabaciones, se escucha a Stella Duarte recriminar a su esposo errores en el conteo de los fajos de billetes guardados en un «armero grande». Este mueble, lejos de custodiar armas, servía como caja fuerte para decenas de miles de euros en billetes de 50.

Para los investigadores, Duarte no solo conocía la procedencia del dinero, sino que actuaba como la responsable de fiscalizar el efectivo que entraba y salía de su residencia. Esta función de control era vital para mantener la liquidez de una organización que necesitaba mover fondos fuera del sistema financiero tradicional para lubricar sus operaciones y voluntades políticas.

Safaris y lujo: El rastro del dinero en Have Got Time

El flujo de capitales hacia la figura de Duarte superó los 100.000 euros, canalizados a través de diversas mercantiles. Una de las más señaladas es Have Got Time, administrada formalmente por la hija de la empresaria Carmen Pano, pero que, según las pesquisas, funcionaba bajo las órdenes directas de la familia Rivas. Los gastos detectados incluyen:

  • Un exclusivo safari de caza en Sudáfrica valorado en más de 50.000 euros, en el que participó el matrimonio Rivas junto a empleados de la firma.
  • Pagos de billetes de avión a través de agencias de viajes por importes superiores a los 22.000 euros.
  • Transferencias directas de 7.000 euros sin justificación comercial aparente recibidas por Duarte.
  • Adquisición de mobiliario de lujo para propiedades rurales vinculadas a la estructura familiar.

La red de operadoras y el pago de activos personales

La influencia de Stella Duarte se extendía a la operatividad de empresas como Bludger SL y Combustibles Lucinala. En la primera, Duarte admitió tener capacidad para ordenar pagos, aunque intentó desvincularse de cualquier irregularidad alegando un rol de asalariada. Sin embargo, la investigación sugiere que desde estas cuentas se llegaron a sufragar cuotas hipotecarias de su vivienda personal en Jerez de la Frontera, lo que desdibujaría la frontera entre el patrimonio empresarial y el personal.

Además, entre agosto y noviembre de 2022, Duarte recibió transferencias que sumaban otros 50.000 euros desde Combustibles Lucinala, firma administrada por Carlos del Castillo, un empresario del círculo íntimo de la trama. Estos movimientos refuerzan la tesis de que Duarte era una beneficiaria recurrente de la ingeniería financiera que sostenía a Villafuel.

Conexiones políticas y las bolsas de efectivo en Ferraz

El contexto de estos pagos no es puramente empresarial. Se enmarca en la búsqueda de una licencia de hidrocarburos para la empresa Villafuel. La trama habría utilizado a figuras como Víctor de Aldama para acceder al exministro José Luis Ábalos y a su asesor Koldo García. Según testimonios recogidos en la Audiencia Nacional, parte del dinero que Duarte ayudaba a contabilizar terminaba en bolsas de deporte destinadas a sedes políticas o despachos de intermediarios.

El papel de los emisarios, conocidos coloquialmente como «mulas», era transportar el dinero desde el domicilio de los Rivas hasta los receptores finales. Se estima que hasta 400.000 euros pudieron ser entregados en mano en diversas fases, utilizando fajos de billetes de 50 y 100 euros. Esta operativa sitúa a Duarte en el epicentro de un sistema que transformaba el beneficio del fraude del fuel en influencia política directa.

Implicaciones judiciales y el silencio de la defensa

A pesar de las evidencias acumuladas por la Unidad Central Operativa, Stella Duarte ha optado por mantener un perfil bajo y declinar explicaciones detalladas sobre la naturaleza de estas transferencias. Su defensa se centra en la legalidad de sus funciones laborales, mientras que la fiscalía analiza si su participación constituye un delito de blanqueo de capitales o cooperación necesaria en la trama de corrupción.

La complejidad del caso reside en demostrar si el disfrute de esos 100.000 euros y la gestión de los fondos en el armero eran actos conscientes de ocultación de beneficios ilícitos. Lo que parece indudable es que la trama del fuel no podría entenderse sin el círculo de confianza más cercano a Claudio Rivas, donde su esposa ocupaba un lugar privilegiado en la cadena de mando financiera.