La paciencia de los usuarios y de los socios de coalición parece haber llegado a su límite definitivo. Félix Alonso, portavoz de Transportes de Sumar, ha elevado el tono contra la gestión de Óscar Puente, actual titular del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. La crítica no se queda en una simple queja parlamentaria, sino que señala una descomposición estructural de los servicios ferroviarios que compromete la movilidad básica y la seguridad en todo el territorio nacional.
Un sistema al borde del colapso: El drama de Cercanías y Rodalies
El foco de la indignación se centra prioritariamente en los servicios de proximidad, el eslabón más débil y, a la vez, el más utilizado por la ciudadanía. Alonso califica la situación actual como caótica e insostenible, poniendo especial énfasis en la crisis recurrente de Rodalies en Cataluña. Para el diputado de En Comú, los incidentes constantes no son hechos aislados, sino la consecuencia de una falta de previsión que ha derivado en un riesgo elevado para los pasajeros.
- Impacto directo en la clase trabajadora y los sectores más vulnerables.
- Interrupciones sistemáticas del servicio sin alternativas eficaces.
- Agotamiento del modelo de «excusas institucionales» ante problemas previsibles.
Según la formación de izquierdas, ya no hay margen para las lamentaciones. La exigencia es clara: se requieren decisiones concretas y una hoja de ruta que garantice soluciones a corto, medio y largo plazo. La dependencia estatal de estos servicios obliga al Ministerio a intervenir de forma quirúrgica para evitar que el transporte público deje de ser una opción viable para la mayoría.
La paradoja de la Alta Velocidad y los retrasos programados
Incluso el sector de la alta velocidad, tradicionalmente blindado frente a las críticas, empieza a mostrar grietas preocupantes. La reciente reorganización de los servicios en la línea Madrid-Barcelona, que afectará a operadores como Renfe, Iryo y Ouigo, ha generado un profundo malestar. El anuncio de que los trenes circularán con un margen de retraso asumido de hasta 25 minutos es visto por Sumar como un síntoma de debilidad en la infraestructura.
Aunque Alonso reconoce que la sinceridad horaria es preferible a la incertidumbre, advierte que esta medida debe ser estrictamente transitoria. No se puede normalizar la ineficiencia bajo el pretexto de la organización. La competitividad del tren frente a otros medios de transporte depende de su puntualidad, y aceptar el retraso como norma es un retroceso en la calidad de un servicio que es competencia directa del Estado.
Exigencia de responsabilidad política a Óscar Puente
El mensaje enviado al Ministerio de Transportes es una advertencia política de calado. El transporte ferroviario es un pilar fundamental para la cohesión social y la transición ecológica, pero su deterioro actual proyecta una imagen de abandono institucional. Alonso recuerda que el Estado es el último responsable de garantizar que los ciudadanos lleguen a su destino a la hora prevista y en condiciones óptimas de seguridad.
La comparecencia en la Comisión de Transportes del Congreso ha servido para certificar que el clima de tensión política seguirá aumentando si no se presentan planes de inversión y mantenimiento tangibles. Para Sumar, el tiempo de las palabras ha terminado; ahora es el turno de la ejecución técnica y política para revertir lo que consideran una situación de emergencia ferroviaria nacional.
