Teruel Existe exige la dimisión de Hugo Morán por Forestalia

La sombra de la corrupción planea sobre la gestión de las energías renovables en la provincia de Teruel, desencadenando una tormenta política que apunta directamente a las altas esferas del Gobierno central. Tras las recientes actuaciones de la Unidad Central Operativa de Medio Ambiente (UCOMA) de la Guardia Civil, la formación Aragón-Teruel Existe ha elevado el tono de sus reclamaciones, situando la integridad del Ministerio para la Transición Ecológica en el centro del debate público.

Exigencia de responsabilidades al más alto nivel: El caso Hugo Morán

El portavoz de la formación, Tomás Guitarte, ha sido tajante al solicitar el cese o la dimisión inmediata de Hugo Morán, actual secretario de Estado de Medio Ambiente. La base de esta petición radica en la permanencia en el cargo de Eugenio Domínguez, exsubdirector de Calidad Ambiental, quien se encuentra bajo investigación por su presunta implicación en una trama destinada a favorecer los intereses de la empresa Forestalia.

Desde la óptica de Teruel Existe, el mantenimiento de cargos bajo sospecha en puestos de responsabilidad técnica y política supone una anomalía democrática. Según el análisis de la formación, en cualquier otro contexto europeo, una investigación de este calado por parte de un instituto armado habría provocado una cascada de renuncias. La situación actual, señalan, es solo la «punta del iceberg» de un sistema de tramitación que podría estar viciado desde su origen.

El Clúster del Maestrazgo: ¿Hacia una nulidad de pleno derecho?

Uno de los puntos más conflictivos de esta trama es el despliegue eólico y solar en el Maestrazgo. Para los críticos, el avance de proyectos que suponen una agresión severa al patrimonio natural solo se explica bajo una premisa de connivencia política. Se argumenta que la empresa promotora contaba con garantías previas de que sus expedientes superarían todos los filtros administrativos, independientemente del impacto ambiental generado.

Las consecuencias jurídicas de estas presuntas irregularidades podrían ser devastadoras para el sector energético en la región. Si se demuestra que las Declaraciones de Impacto Ambiental (DIA) fueron obtenidas mediante procedimientos fraudulentos, las autorizaciones concedidas por el Consejo de Ministros carecerían de base legal. Esto obligaría a:

  • La paralización inmediata de todas las obras en ejecución en el Clúster del Maestrazgo.
  • La revisión de oficio de cada expediente tramitado por la vía de urgencia bajo el mismo patrón.
  • El análisis de la responsabilidad del propio Consejo de Ministros al validar proyectos con discrepancias técnicas evidentes.

La red de influencias y el papel del INAGA

La crítica no se limita a la administración estatal. Teruel Existe extiende la sospecha sobre la gestión realizada durante la etapa de Javier Lambán en el Gobierno de Aragón, cuestionando la imparcialidad del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA). Se apunta a un escenario donde ciertos dirigentes políticos actuaron de facto como agentes comerciales de empresas privadas, presionando a ayuntamientos y concejales para aceptar proyectos de dudosa rentabilidad social.

Nombres propios como el de la ministra Pilar Alegría también han salido a colación, señalando que su voto a favor de estos macroproyectos en el Consejo de Ministros demuestra un desconocimiento profundo de la realidad geográfica y ecológica de las zonas afectadas. Según la formación aragonesista, se ha priorizado el despliegue industrial sobre la protección de paisajes emblemáticos como la Sierra de Albarracín o el Pirineo.

Un nuevo escenario para la ordenación del territorio

Tras calificar de «paripé» las comisiones de investigación previas realizadas en las Cortes de Aragón, Teruel Existe reclama una reevaluación técnica exhaustiva. No se trata únicamente de un proceso judicial, sino de una necesidad de regeneración en la forma en que el territorio es gestionado. La exigencia es clara: alfombra roja para la sostenibilidad real, pero tolerancia cero ante presuntas prácticas que bordean la ilegalidad.

En definitiva, el caso que salpica a Forestalia y a la Secretaría de Estado de Medio Ambiente marca un punto de inflexión. El futuro de la transición energética en Teruel ya no solo depende de los megavatios instalados, sino de la transparencia y la legalidad de los procesos que los autorizaron. La protección de los patrimonios naturales de Aragón se convierte, ahora más que nunca, en una batalla legal y ética de primer orden.