La sociología en España ha dejado de ser una disciplina académica para convertirse en un tablero de ajedrez político de alta tensión. José Félix Tezanos, actual presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), ha pasado a la ofensiva al denunciar lo que considera una campaña orquestada para socavar la credibilidad del organismo público. Según el sociólogo, la hostilidad que recibe no es fruto de errores técnicos, sino una respuesta directa a la precisión y rigor con el que el CIS ejecuta sus funciones en la actualidad.
En su reciente análisis titulado «Encuestas, ¿para qué?», publicado en la revista Temas, Tezanos lanza una dura advertencia sobre la proliferación de sondeos privados. Para el máximo responsable del CIS, muchos de estos estudios no actúan como espejos de la realidad social, sino como herramientas de ingeniería electoral diseñadas para influir en el comportamiento del votante y no para informar de manera objetiva.
El CIS como dique de contención contra la desinformación
La tesis central de Tezanos gira en torno a la idea de que la transparencia del CIS actúa como un contrapeso incómodo para ciertos sectores. El sociólogo argumenta que existe un intento deliberado por deslegitimar las instituciones públicas que aportan datos reales, con el fin de que las «campañas de intoxicación» tengan vía libre para desmovilizar a los sectores más progresistas del electorado. En este escenario, el dato científico se convierte en un enemigo para quienes prefieren el ruido mediático.
Desde su perspectiva, el acoso judicial y las críticas desmedidas que ha enfrentado la institución son síntomas de una estrategia de desgaste. Al cuestionar sistemáticamente la gestión del CIS, ciertos actores políticos buscarían erosionar la confianza ciudadana en el único organismo que, según sus estándares, mantiene una metodología robusta frente a la ligereza de las encuestas «relámpago» que inundan los medios de comunicación.
La judicialización de la estadística: El papel de PP y Vox
El presidente del organismo no ha dudado en señalar directamente a las formaciones de PP y Vox como los principales impulsores de esta ofensiva. Tezanos sostiene que el uso de los tribunales para denunciar supuestas desviaciones en los barómetros es una táctica para paralizar la actividad normal del CIS. Esta presión legal no buscaría una mejora en la técnica demoscópica, sino más bien intimidar a los profesionales que trabajan en la elaboración de los datos.
- Intervencionismo judicial: Las denuncias se perciben como un intento de fiscalizar la sociología desde el estrado.
- Impacto en el electorado: El objetivo final sería crear una percepción de «caos demoscópico» para favorecer la abstención.
- Defensa institucional: Tezanos reivindica que el CIS aporta un pulso real de la calle, libre de intereses corporativos.
Metodología y rigor: ¿Qué define a una encuesta fiable?
Más allá de la batalla política, Tezanos aprovecha su tribuna para dar una lección de técnica sociológica. Para que un estudio de opinión tenga validez científica en el contexto español, debe cumplir con estándares irrenunciables que, a su juicio, muchas empresas privadas omiten por ahorro de costes o por rapidez editorial.
Un sondeo que aspire a la veracidad debe contar con una muestra aleatoria y un volumen de entrevistas que oscile entre las 2.000 y las 3.000 unidades. Según el experto, el azar es el único mecanismo que garantiza que todos los estratos de la sociedad tengan la misma probabilidad de ser escuchados. Sin estos requisitos, cualquier predicción electoral corre el riesgo de ser una simple conjetura sin base estadística sólida.
Memorias de una presidencia convulsa
Como cierre a esta etapa de enfrentamiento constante, Tezanos ya proyecta su legado literario. Bajo el título provisional de «El CIS de Tezanos», el sociólogo prepara una obra donde relatará las experiencias, anécdotas y episodios más insólitos de su mandato. Este libro promete ser un testimonio clave para entender cómo una institución técnica terminó en el epicentro de la polarización política en España.
En conclusión, la defensa de Tezanos no es solo personal, sino una reivindicación del sector público demoscópico. Frente a lo que describe como un ataque furibundo, su respuesta es el refuerzo de la metodología científica como única vía para proteger la salud democrática del país frente a las maniobras de manipulación informativa.
